Mientras se van conociendo nuevos detalles sobre el alcance del Anteproyecto de Ley para la Mejora de la Calidad Educativa que el actual Gobierno anunció el pasado 29 de junio, la interesante sección Educación en Libertad de ReL ha tenido el acierto de rescatar sendos artículos de María Calvo –Profesora de Derecho de la Universidad Carlos III–  y de Alicia Delibes –Viceconsejera de Educación de Madrid– sobre la orientación pedagógica de nuestro actual sistema educativo, factor clave para entender su estrepitoso fracaso durante todos estos años.

El primero de los artículos lleva por título «El triunfo de Rousseau» y fue publicado originalmente en el diario La Gaceta de 12/11/2006. En él la profesora Calvo sostiene que «en las últimas décadas se han impuesto una serie de tendencias pedagógicas que pretenden poner en práctica el absurdo consistente en tratar a los niños como una minoría oprimida que tiene la necesidad de liberarse. Se traslada al profesor a una función subsidiaria y se sitúa a los alumnos en el centro del universo escolar, dotándoles de unas facultades exorbitantes que los convierten en pequeños tiranos».

«(…) Los métodos más utilizados –explica– han consistido en rebajar las exigencias para que el aprendizaje se vea casi como un juego o un placer. Las reglas de comportamiento y el control de la adquisición de conocimientos son ejercicio de autoritarismo. Y, partiendo de la idea roussoniana de que el niño es bueno por naturaleza y de que los conocimientos florecerán por sí solos, se deja libertad al alumno para que a su ritmo desarrolle sus inquietudes y habilidades».

«Los resultados de la aplicación práctica de estos ideales educativos han permitido a España marcar cifras récord en la reducción de los conocimientos de nuestros alumnos, como ponen de relieve diversos informes internacionales que nos sitúan en los últimos lugares del mundo desarrollado. (…) Nunca tuvimos tantos medios y sin embargo nunca han sido peores los resultados».

Por el contrario, argumenta María Calvo, «a los niños hay que enseñarles desde que se sientan por vez primera en un aula que lo que hayan de obtener de la vida será sólo por su trabajo, gracias a su esfuerzo, su entrega. Hay que enseñarles a superar pruebas, a fracasar y levantarse, a ayudar a los que les rodean, a respetar la experiencia y sabiduría del profesorado. (…)  Para poder ilustrar su espíritu hay que formar antes su voluntad. Y la voluntad, como enseñó Aristóteles a Nicómaco, se configura por la adquisición de virtudes como la fortaleza, la prudencia, la justicia o la templanza, que a su vez sólo se logran por la superación de pruebas y la repetición de actos que implican esfuerzo».

Por eso, finaliza la autora, «la fórmula mágica para solucionar el fracaso y la violencia escolar en España contiene los tres ingredientes clásicos: disciplina, autoridad y esfuerzo personal. Todo ello impregnado, claro está, de afectividad. Así conseguiremos que nuestros niños se conviertan en personas verdaderamente libres y responsables. Si no reaccionamos, tendremos que soportar una generación de jóvenes complicada, con una absoluta carencia de recursos personales, fruto de un sistema educativo que no educa, es decir, no enseña a vivir, a enfrentarse a la vida».

El otro artículo al que nos referíamos está escrito por Alicia Delibes y tiene ya algunos años. Se titula «Comprensividad» y fue publicado en el suplemento Ideas de  Libertad Digital el 9 de febrero de 2001. Su contenido no puede tener, sin embargo, mayor actuaidad cuando se plantea una nueva reforma educativa. Y es que la llamada pedagogía «comprensiva» es precisamente una de las claves del sistema de la LOGSE de 1990.

El término «comprensivo»  –tomado de las «Comprehensive Schools» británicas– es ciertamente confuso. Pero, como dice Delibes, no es aquí equivalente al principio de que el niño comprenda lo que aprende. «Lo que realmente significa que el sistema escolar sea comprensivo –explica–  es que sea idéntico para todos hasta que se dé por terminada la enseñanza secundaria. Supone, pues, escolarizar en los mismos centros, con los mismos profesores y con el mismo programa a todos los niños hasta los 16 o 18 años de edad. Esta escolarización idéntica supone que está terminantemente prohibido introducir la formación profesional como opción antes de esa edad, supone también que no se deben crear diferentes itinerarios en orden a conseguir una mejor preparación para aquellos que proyecten seguir estudios superiores».

«(…) Los psicólogos y pedagogos progresistas de los años sesenta que tanto han influido en la enseñanza occidental de la segunda mitad de siglo se negaron a aceptar la existencia de una diferencia de aptitudes intelectuales y se mostraron convencidos de que las únicas razones de ese fracaso escolar había que buscarlas en las diferencias sociales entre los escolares y en una forma de enseñanza excesivamente rigurosa, exigente y elitista. De ahí nació la justificación pedagógica de lo que se convirtió en el proyecto socialdemócrata para la educación: la escuela comprensiva».

«Sin embargo  -concluye Delibes–, puesta en marcha esta escuela igualitaria, aparte de convertirse en una podadora indiscriminada de las inteligencias, no consiguió erradicar el fracaso escolar. En España, más del 25% de los alumnos no consigue terminar la ESO* y después de casi 15 años de escolarización se va a la calle sabiendo mal leer, mal escribir, mal hacer cuentas y sin un oficio que le capacite para ganarse la vida. La idea de una escuela capaz de eliminar las desigualdades sociales es tan bella y demagógica que hábilmente manipulada deja a la sociedad sin posibilidad de reacción».
*En 2010 llegó al 28%, según datos de Eurostat. Ver ABC 14/05/2012 «España duplica la tasa de abandono escolar de la UE».