Lo malo de tener que comer a diario es que algunos escriben o vomitan lo que llevan dentro a cambio de unos euros. Hoy me he desayunado con un artículo de un presunto experto que reconoció no hace mucho que no tenía ni idea de religión, a pesar de lo cual se encargaba de la información religiosa en su medio. Toma castaña; la sinceridad, indudablemente, es una virtud. La verdad es que para quien lleva años anunciando el fin inminente de la Iglesia y creyéndose sus propias mentiras sobre los católicos debe ser muy desagradable ver que la elección del sumo pontífice es noticia mundial durante varios días. Y que a la gente le interesa. Quien lo iba a decir, una institución caduca, un Estado absoluto lleno de intrigas. Me quedo con dos afirmaciones del artículo perpetrado hoy por este anciano periodista que sabe de la Iglesia lo que yo de mecánica cuántica. Al menos servidora de esto último no se atreve a opinar.

No se pierdan esta frase: La ‘papolatría’ al uso dice que el pontífice romano es Vicario de Cristo, Sucesor de Pedro, Siervo de los siervos de Dios, Santo Padre y Sumo Pontífice, todo en mayúscula. Pues aquí donde me ven me confieso papólatra con todas sus letras y creo firmemente que quien elijan los cardenales es todo eso y, además, es Pedro, la roca firme en la que se sustenta la Iglesia por la gracia de Dios. Y es el sucesor de un pescador y no del emperador, como recordaba San Bernardo al papa Eugenio III en la Edad Media.

Otra anécdota, nada original, que recoge este oportunista (no entiendo muy bien si con afán de criticar o alabar a la Iglesia por ser una potencia sin Ejército) es la famosa pregunta de Stalin: ¿Cuántas divisiones tiene el Papa? Y creo que aquí está el problema de fondo. El articulista está molesto porque el Papa no tiene tanques ni bombas ni armamento alguno (aunque vaya Vd. a saber, para los conspiranóicos como este tipo todo el mal está contenido en los recintos vaticanos) pero tiene divisiones pacíficas en todo el mundo, como bien refleja la multiculturalidad del colegio cardenalicio: todas las etnias, todos los idiomas, dos generaciones de cardenales, todos los continentes. Y lo peor, un ejército invencible de curas, monjas, frailes, laicos comprometidos, personas que atienden enfermos y moribundos, gente que reza por otros (incluso por sus enemigos, que desfatachez), párrocos que se dejan la vida en las catequesis. Gente con fe, fieles de todas las edades, países y condición social. Con poderes ocultos como la gracia, la oración y la conciencia de ser hijos de Dios. Tan fanáticos que son capaces de morir por Cristo y encima perdonar.

Lo siento amigo, es lo que hay. Por cierto, los papas hace décadas que no utilizan tiara; debería revisar sus fuentes, a lo mejor tiene una enciclopedia de baratillo un tanto anticuada..

Teresa García-Noblejas