La sentencia del Juzgado de lo Contencioso-Administrativo nº 2 de Zaragoza de fecha 13 de Abril de 2009, que ha reconocido el derecho de unos padres a objetar contra Educación para la Ciudadanía con el fin de proteger a sus hijas frente a la maquinaria adoctrinadora del Estado, ha sido un soplo de aire fresco para los miles de padres que estamos en el frente de batalla por la libertad de educación. Sí, una muy buena noticia para todos los que creen que nada hay por encima de la familia en la educación de la conciencia de los niños y jóvenes. Pero me gustaría destacar un matiz que, entiendo, no carece de importancia: me refiero a que esta bendita sentencia no ha venido a salvarnos a los padres objetores como si estuviéramos al borde del KO y hubiera irrumpido el salvador “gong” que un boxeador sonado oye y traduce en su cerebro como “estaba a punto de caer a la lona, me he salvado de milagro”.

No, no ha sido así. Y paso a exponer mis razones. Benigno Blanco fue uno de los muchos participantes en el II Encuentro de Objetores que hemos celebrado hace un par de meses en Madrid. Pronunció una frase que nos inundó a todos de esperanza y fortaleza: “Hoy día, si una sociedad se ve privada de la libertad y de sus derechos fundamentales por un Estado es porque esa sociedad se ha dejado”. Yo hice una traducción inmediata que me pareció tremendamente lógica: con el ambiente que estoy viviendo aquí no veo yo a estos padres dejándose arrebatar sus hijos para que sea el frío Estado el que se encargue de moldear sus conciencias según los dictados de los ingenieros sociales de turno. Esa es nuestra fuerza. Por eso, realmente, ya hemos vencido. José Luis Bazán ratificó mi pensamiento cuando afirmó rotundamente que la victoria llegaría seguro, independientemente del tiempo que nos llevaría y el desgaste lógico que conlleva una batalla de estas proporciones.

Resumiendo: la sentencia del Juzgado de Zaragoza nos ha traído a los padres objetores una sana alegría, como no podía ser de otra manera. Pero no hemos sido salvados por el “gong”, era algo que sencillamente iba a llegar de una manera o de otra. No tenemos nada que negociar en lo fundamental porque es imposible chantajearnos de manera que cedamos el alma de nuestros hijos a cambio de cualquier cosa. Es un pulso en el que vencerá uno de los dos: o el brazo totalitario que aglutina a los ingenieros de mentes e ideólogos políticos de turno, o el brazo libre y amoroso de los padres dispuestos a dar la vida- literalmente- por sus hijos.

Y es que muchos estamos absolutamente convencidos acerca de cuál de los dos brazos acabará cediendo. Cuestión de tiempo.

Miguel Ángel Ortega