Hay unos libritos que son verdaderas obras maestras de sencillez y riqueza espiritual; son las obras de Jacques Philippe, sacerdote miembro de las Comunidad de las Béatitudes. Mis preferidos son La paz interior y La libertad interior. Son unos libros de esos que da igual las veces que te los leas, que siempre parece que nunca te los has leído porque cada vez te abren el corazón y te descubren una inmensidad de paz y de anchura de miras que ya habías olvidado.

Esta vez estoy releyendo La libertad interior y aunque  se podría escribir un post sobra cada uno de los capítulos, y casi de cada página, me ha parecido especialmente oportuna una entradita que se titula La trampa de la desmovilización; viene a decir que cuando todo parece que va mal a nuestro alrededor en seguida nos asalta la tristeza y el desaliento que van minando poco a poco nuestro impulso y nuestras ganas de seguir luchando. El librito se refiere, por supuesto, a la lucha espiritual pero puede perfectamente aplicarse a todo lo demás. Cuando vemos que todo va de mal en peor, que no se avanza y que nuestras acciones no tienen frutos, rápidamente nos acecha la tentación, disfrazada de mil justificaciones, de abandonar la lucha  «es inútil, no vamos a conseguir nada, para qué salir a la calle otra vez, para qué seguir objetando a EpC, no sirve de nada y sólo consigo desgastarme» y entonces gana el mal porque yo no he seguido firme, porque me he dejado abatir, me he rendido y, como dice Phillipe, así «sólo añado mal al mal y acelero su propagación». Por eso hagamos hoy el bien que está en nuestra mano, demos la batalla sin preocuparnos de mañana y sin mirar atrás, sin medir tanto y sin pararnos a hacer recuento de éxitos y fracasos. Sigamos adelante siempre, sin desaliento, sin perder jamás la alegría y la esperanza.

Sin caer en la trampa de las desmovilización.

Leonor Tamayo