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Ayer nos desayunamos con la enésima noticia procedente del mundo favorable a la imposición del «paradigma gay»:  La FELGTB difunde materiales sobre «diversidad afectivo-sexual» en clases de religión católica, nos anunciaba Profesionales por la Ética.

Siempre me han extrañado dos posturas de aquellos que defienden el relativismo a ultranza, es decir de los que afirman la imposibilidad de conocer cualquier verdad objetiva que por su misma esencia se imponga como evidentemente cierta a cualquier ser humano dotado de razón:

1.- Nada es absolutamente verdadero sino que todo es relativo. Con lo cual la única verdad absoluta es que no existe dicha verdad absoluta. Es una contradictio in terminis evidente. Bien, pues además de estar herida de inicio esta postura por tan palmaria contradicción, los defensores de la «incapacidad de verdad» por parte del ser humano están dispuestos a imponernos a todos principios teóricos y estilos de vida que en absoluto son indiscutiblemente buenos.

2.- Una de las cosas que siempre han supuesto para mí «un toque» de veracidad y honestidad es la forma con la que los que afirman que el hombre es capaz de conocer verdades evidentes se dirigen a los que no están de acuerdo con esta forma de entender y vivir en la realidad. Por ejemplo, jamás he visto en BENEDICTO XVI formas rígidas e intolerantes para con los muchos que no aceptan que Cristo sea Camino, Verdad y Vida. Un segundo ejemplo que me toca especialmente en lo personal: el sacerdote y filósofo PABLO DOMÍNGUEZ PRIETO siempre defendió la postura del sano Realismo en la línea de Zubiri. Jamás encontré en este sacerdote que nos dejó hace un año una postura de desdén con las muchas personas que con él en desacuerdo estaban. Cuantas veces me aconsejó: Miguel Ángel, nunca lo olvides, es un principio con el que siempre acertarás: sé suave en la forma pero rotundo en el fondo de las cosas que son evidentemente verdaderas. Puedo asegurar que nunca «pillé en un renuncio» a Pablo Domínguez respecto a su absoluta coherencia a la hora de vivir personalmente este principio que a tantos nos aconsejó.

Sirva esta larga introducción para mostrar la incoherencia y la mentira que se esconden en el fondo y en la forma de uno de los movimientos más hostiles a la razón, libertad de pensamiento y a los derechos más básicos de los padres a la hora de educar a sus hijos. Me refiero a la FELGTB, ariete principal del Lobby Gay en su labor de presión y derribo de toda institución que ose contradecir sus principales axiomas. A saber:

1.- Cualquier tipo de relación-orientación sexual es equiparable al resto: homosexualidad, heterosexualidad, bisexualidad, pansexualidad, etc.

2.- Dado que el paradigma heterosexual siempre se ha impuesto por la vía de la violencia hoy se debe ejercer discriminación positiva a favor de la homosexualidad.

3.- Familia «tradicional» e Iglesia son las principales instituciones que secularmente han ejercido el papel opresor sobre el resto de orientaciones sexuales que no fueran la heterosexualidad ergo la presión y el ataque sobre las mismas justifica cualquier medio porque el fin es bueno (equiparar la homosexualidad a cualquier otro paradigma de relación entre personas).

El Lobby Gay no para en barras a la hora de imponer sus principios: están invadiendo la política, las instituciones nacionales e internacionales, el mundo del Derecho y la Justicia, los medios de comunicación… Y, su grotesca incoherencia, les lleva a no preocuparse siquiera de disimular estas formas hoscas de imposición porque creen estar evidentemente en la verdad: ¡Aquellos que atacan con saña a la Iglesia Católica por defender, por la vía de la pacífica razón, principios irrenunciables y aceptables como verdaderos!

Cada vez estoy más persuadido de que es muy complicado intentar convencer a estas personas mediante argumentos racionales. Y esto es así porque sus decisiones tienen una sola fuente: la volitiva. Son la voluntad sin restricciones y la libertad sin fundamento las únicas dimensiones que gobiernan el querer y el hacer humanos: ten las relaciones sexuales que quieras, con quien quieras, porque tú eres dueño de tu vida. Ya ni siquiera la naturaleza es referencia desde que Foucalt impusiera el constructivismo de la identidad de género por encima del origen natural de la sexualidad.

Y en esas estamos. Los que, supuestamente, somos intolerantes nos vemos vapuleados por gentes- autocalificadas como tolerantes- que no se molestan siquiera en avenirse a un diálogo cuyo objetivo sea encontrar una verdad que satisfaga ««a las partes». No hay diálogo que valga. Hay voluntarismo puro y duro. Y el que se oponga que lo sepa: aquí no hay perdón para el vencido.

Miguel Ángel Ortega