Tras muchos años de un tenaz y bien financiado trabajo de lobby en los organismos internacionales, con la ayuda de la actual palanca favorable de la administración Obama y alentada por el éxito del experimento de reingeniería social del «Proyecto Zapatero» en un país de fuerte tradición católica, como es España, la llamada Cultura de la Muerte ha desplegado en los últimos meses una fuerte ofensiva en Iberoamérica.

Uruguay, Argentina, México, Ecuador, Colombia… sufren ahora con más intensidad que nunca la agresión de quienes a través de reformas legislativas, impuestas de arriba a abajo por el poder político, están dispuestos a acabar con el primero de los derechos humanos: el derecho a vivir, desde la concepción hasta la muerte natural.

Pero junto a esta realidad, no puede pasar desapercibida la esperanzadora respuesta de una significativa y comprometida parte de la sociedad civil de las naciones iberoamericanas, que no se resigna ante el actual estado de cosas y que se está movilizando eficazmente en defensa de la dignidad de la persona  –de toda persona–  y de los derechos fundamentales.

Entre otros muchos, un buen ejemplo de lo que decimos son las acciones que en Colombia desarrolla la plataforma de la sociedad civil Unidos por la Vida para detener el actual proyecto de ley por el que se pretende la legalización de la eutanasia y el suicidio asistido. Una de sus iniciativas ha sido el lanzamiento de la petición popular «Decimos no a la eutanasia», a la que es posible adherirse por internet a través del siguiente enlace: http://www.unidosporlavida.com/. La petición está dirigida a los senadores de la República y en ella se destaca como la referida propuesta legislativa relativiza el valor de la vida, abriendo la puerta a «la destrucción y desprecio de la misma, bajo las supuestos determinados en las legislaciones por los mas poderosos,  como sucedió con los nazis en el siglo pasado, o sucede hoy en Holanda en donde de los 130 000 muertes anuales, 20 000 son producto de la eutanasia y de ellas 10 000 son no consentidas por el paciente  sino determinadas por el personal sanitario bajo los “criterios” de la ley».  «Es evidente –se afirma también– que, como en el caso del aborto, el fraude de ley se generaliza una vez la clase médica y la burocracia de la salud asumen un ritmo de normalidad y aplica criterios económicos y de eficacia en vez de criterios de justicia y humanidad».

Unidos por la Vida sostiene asimismo que «no queremos en Colombia el asesinato legal de los incapacitados o de los que sufren una enfermedad crónica o terminal.  Queremos  un sistema que ofrezca cuidados paliativos a los enfermos, que se les  de acogida, alimentación y alivio del  dolor».

«Por eso les pedimos –concluye la alerta dirigida a los senadores– (…) que hundan con su voto el proyecto que busca legalizar la eutanasia en Colombia. No queremos nuevas formas de violencia. Queremos respeto y acogida a toda vida Humana, que es el camino seguro para alcanzar  la paz».

Para firmar la petición de Unidos por la Vida a los senadores de Colombia, pinchar aquí.

Leer también en HO la noticia «Colombia, gravemente amenazada por la eutanasia» (15/10/2012), que incluye el artículo publicado por el Dr: Merchán, fundador de Médicos Azules, en el diario colombiano El Tiempo.