El esperado anuncio de la convocatoria de elecciones generales en España para finales de junio está provocando una reacción casi unánime en los ciudadanos: nuestros políticos no se han puesto de acuerdo y se merecen que nadie les vote.

Desde hace siglos, y no por casualidad, los españoles nos implicamos poco o nada en los asuntos públicos. En parte por comodidad, en parte por tradición estatalista (que lo resuelva el Gobierno) y en parte por interés de los que quieren el poder solo para ellos (Vds. no se preocupen, ya nos ocupamos nosotros de esto).

Así que las tertulias radiofónicas y de bares están llenas de «políticos» pero también de entrenadores de fútbol de Primera División. Pero bajar a la arena para comprometerse con el bien común de tu Patria, con la convivencia entre españoles y ciudadanos en general, ya es otra cosa. No es lo mismo insultar al árbitro en el bar que correr en el campo de fútbol.

Y es que una de las acepciones que recoge el diccionario de la RAE sobre el término  «política» es:

Actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto, o de cualquier otro modo.

 Y en España hemos pasado de que otros se ocupen de los asuntos públicos (que nos afectan a todos) a que deleguemos en legisladores y gobernantes la responsabilidad mediante el voto. Es un paso, desde luego, pero no es suficiente. La democracia representativa no es la única forma de participación en los asuntos públicos. Por descontado que hay que votar y «mojarse» en las elecciones, no solo acudiendo a las urnas sino conociendo y difundiendo lo que ofrecen los diferentes partidos. Y también lo que no ofrecen pero van a imponer seguro.

Por ejemplo, en los últimos meses hemos conocido más casos de corrupción. Y en la Comunidad de Madrid, estuvo a un tris de aprobarse una Proposición no de Ley para regular los llamados «vientres de alquiler» . La promovía Ciudadanos y contaba con el apoyo de la presidenta Cristina Cifuentes, del Partido Popular. No salió adelante gracias a la oposición o no colaboración de tres diputados del PP en la Asamblea de Madrid pero el tema está en la agenda, no lo duden.

En este mismo parlamento autonómico se intentó aprobar también una Proposición no de Ley a iniciativa de Podemos que pretendía promover la eutanasia. Por fortuna no salió adelante y se quedó en apenas unas medidas sobre el final de la vida.

En estos meses también hemos sabido que el Partido Popular de Mariano Rajoy  expulsó de sus listas a los últimos diputados y legisladores pro vida que quedaban en sus filas. También hemos sido testigos del estilo totalitario y chulesco de Pablo Iglesias, convertido en estrella en el Congreso de los Diputados gracias a su discurso demagógico y al crecimiento de la corrupción y al hartazgo de la gente. Y Ciudadanos ha enseñado la patita apostando fuerte no solo apostando fuerte por los vientres de alquiler sino también por la promoción de la transexualidad y la homosexualidad mediante leyes como la aprobada en la Asamblea de Madrid con los votos de Podemos, Ciudadanos y PSOE y la abstención del PP.

En definitiva, si nos preocupa el bien común, si queremos una España mejor, participemos en las elecciones pero, trabajemos más allá del ritmo que nos impongan los partidos. Es más, una sociedad civil fuerte y participativa es la que debe marcar el paso a los políticos, exigirles más trabajo a favor del bien de todos y frenarles en sus desmanes e intentos de reingeniería social. Para eso, hay que bajar al campo de fútbol y dejar de insultar al árbitro.

Teresa García-Noblejas