El pasado miércoles, en la semana de Pascua, el papa Francisco dedicó su catequesis, en el contexto de las relativas a la familia, a los niños.

Zenit nos ofrece el texto completo aquí.

La intervención del Papa, lejos de ser un discurso edulcorado sobre las bondades de la infancia, fue un repaso a lo que llamó las “historias de Pasión” que viven muchos de los niños.

Francisco fue particularmente duro al afirmar que:

Muchos niños desde el principio son rechazados, abandonados, despojados de su infancia y de su futuro. Alguno osa decir, casi para justificarse, que ha sido un error hacerles venir al mundo. ¡Esto es vergonzoso! ¡No descarguemos sobre los niños nuestras culpas! Los niños no son nunca “un error”.

Ciertamente, el pontífice hizo referencia los niños marginados, abandonados, que se ven obligados a sobrevivir de cualquier manera, sin escuela ni atención médica. Pero tampoco se olvidó de los países ricos, en los que muchos niños viven dramas que les marcan de una forma muy fuerte, por la crisis de la familia, de los vacíos educativos y de condiciones de vida a veces deshumanas. Para acabar con esta frase contundente: En cualquier caso, son infancias violadas en el cuerpo y en el alma.

Y no olvidó la otra pasión, silenciosa y dramática, de nuestro tiempo, cuando afirmó que los niños pagan también el precio de uniones inmaduras y de separaciones irresponsables, son las primeras víctimas. Sufren los resultados de la cultura de los derechos subjetivos exasperados, y se convierten después en hijos más precoces.

Y para acabar, dos interpelaciones a todos nosotros, los adultos:

  • Cada niño marginado, abandonado, que vive por la calle mendigando e intentando sobrevivir de cualquier manera, sin escuela, sin atención médica, es un grito que sube a Dios y que acusa el sistema que hemos construido.
  • El Señor juzga nuestra vida escuchando lo que refieren los ángeles de los niños, ángeles que “ven siempre el rostro del Padre que está en los cielos». Preguntémonos siempre: ¿Qué contarán a Dios de nosotros estos ángeles de los niños?

Duras palabras las del Papa argentino. Pero como la personalidad se forja en la infancia, no me cabe la menor duda que si los adultos tomamos conciencia de las «pasiones de los niños» y sus consecuencias para toda la vida, seríamos más cuidadosos en lo que hacemos, en lo que decimos y en cómo observan los niños cada uno de nuestros gestos y actitudes.

Teresa García-Noblejas