El «matrimonio» homosexual empezaba a comportarse como un virus contagioso que se iba extendiendo de país en país sin que pudiera evitarse. Uno a uno y, pese a las protestas de la población, la agenda del lobby gay iba tirando los movimientos opositores como las piezas de un dominó. Y ha sido la laica Francia la que, para sorpresa de todos, tenía una pieza de dominó que no se resigna a caer y empujar a la siguiente en su caída. La sociedad francesa está demostrando que existen anticuerpos para frenar ese virus de la reingeniería social que se extiende como la pólvora. Que perder una batalla no es perder la guerra y que la lucha que más seguro se pierde es la que no se da.

Manifestaciones, actos diversos, veladas…todo para reivindicar el matrimonio entre hombre y mujer y el derecho del niño a tener madre y padre.  La resistencia francesa al matrimonio homosexual nos está dejando admirados a muchos. A lo asombroso de su perseverancia para demostrar su rechazo a la ley Taubira se une la originalidad de sus actividades.

Sin embargo y, pese a la nula virulencia de sus actos, la policía está actuando con contundencia y agresividad por orden de un gobierno nervioso y desconcertado que esperaba una oposición mínima y al que la situación está desgastando mucho más de lo que suponía. Y la última medida de represión, el encarcelamiento de uno de los más activos miembros del movimiento está siendo respondida también con contundencia: con la contundencia no violenta y la originalidad que está caracterizando a este movimiento.

La imagen vale más que mil palabras: Jóvenes que se planta en lugares emblemáticos separados y ordenados haciendo guardias y relevos  hasta que liberen a su compañero Nicolás.

Ya que en España no supimos frenar el virus, no pudimos evitar la caída de nuestra pieza de dominó luchando contra la imposición de las diversas fases de la reingeniería social, deberíamos unirnos a estos jóvenes y luchar con ellos para que su pieza del dominó, que trata de levantarse, se alce. Quizá tras ella otras piezas sigan el movimiento inverso. Es cuestión de originalidad, perseverancia y, sobre todo, de no perder la esperanza.

Alicia V. Rubio Calle