Cada uno de nosotros estamos viviendo una experiencia que no olvidaremos, y las circunstancias invitan a una reflexión sobre el dolor, la fragilidad, la muerte y la dignidad de la vida humana. Al terrible número de fallecidos se ha añadido el dolor adicional de morir en soledad. Esa experiencia reenfoca o confirma mucho de lo que creemos y sentimos. Y, en nuestro caso, como asociación, muy especialmente en los relativo a la eutanasia.

A fines de febrero lanzamos un sondeo de opinión sobre la eutanasia a través de las redes sociales. No nos creíamos que, como indica la Exposición de Motivos de la Proposición de Ley Orgánica que actualmente se tramita en el Congreso de los Diputados, existiera una demanda social. Y, aunque la emergencia sanitaria del coronavirus nos cambió las prioridades, no queremos dejar de compartir, porque además a eso nos comprometimos, los resultados de la encuesta. Pueden descargarse pinchando aquí.

Estas son, a nuestro juicio, la principales conclusiones que pueden extraerse de esos resultados:

NO EXISTE una demanda social sostenida de eutanasia.

-Los ciudadanos creen que la eutanasia hará disminuir el interés por la investigación de muchas enfermedades y generará desconfianza en la relación enfermo – familia – personal sanitario.

-Su legalización generará miedo, culpa y presión social sobre las personas mayores y aquellas con enfermedades graves, crónicas e invalidantes y nos hará más insolidarios, individualistas y deshumanizados.

-Se sospecha mayoritariamente que la eutanasia esconde, además, otros intereses como el ahorro en gasto público en pensiones, sanidad y dependencia.

Estas semanas hemos volcado nuestro esfuerzo como asociación en colaborar con otras instituciones, elaborando y llevando medios de protección a residencias de mayores con gran necesidad. En esta experiencia y a través de los medios o en casos cercanos, hemos conocido las directrices de política sanitaria desahuciando mayores o negando hospitalización, respiradores o cuidados intensivos por superar una determinada edad, u ofreciendo la sedación terminal como única alternativa a mayores que vivían en residencias. La mentalidad eutanásica y utilitarista se ha puesto en evidencia.

Contrastando con esto, se ha generado un sentimiento compartido de agradecimiento a los mayores y de impotencia y vergüenza por el abandono al que han sido sometidos.

Y todos hemos sido testigos de la contradicción entre la lucha titánica de los profesionales sanitarios por salvar a tantos enfermos y el rol de matarifes que la ley de eutanasia pretende darles. Estos profesionales sanitarios, que se han jugado (y en muchos casos perdido) la vida por curar y salvar la de decenas de miles de pacientes pueden atestiguar lo que han vivido. ¿Cuántos enfermos querían compañía, cariño y atención médica y ponían todo de su parte para curarse y cuántos solicitaban ser “eutanasiados”? ¿Qué exigía la vocación médica, luchar por la vida o facilitar la muerte?

 Y es que la demanda social de la eutanasia es mentira y hoy es más evidente que nunca. Estamos convencidos de que si se repitiese la encuesta el resultado sería aún más abrumador y tajante.

Para descargar los resultados de la encuesta pinchar aquí.

(Imagen: Francisco Barreiro García, de 77 años, -acompañado por su hija Isabel-, a su salida del hospital Clínico, donde estaba ingresado por positivo en COVID-19. EFE/Lavandeira jr).