El pasado sábado en la Puerta del Sol.

Desde la Calle Mayor se veía una especie de tumulto desorganizado, en especial en la parte externa de la plaza, es decir, las zonas cercanas a los edificios que la circundan. La plaza parecía especialmente colapsada porque la parte central estaba llena de gente vestida de negro mostrando grandes fotografías a color en las que se veían animales troceados, heridos o muertos, bajo las palabras “IGUALDAD ANIMAL”. Lo mismo se exhibía un perro que una vaca, o una gallina.

Y los viandantes, muchos a las 12 de la mañana, se veían empujados a las zonas exteriores.

De pie, separados un metro unos de otros, imitaban en un remedo ridículo a los movimientos de sentinelles y sentinels que, rezando en silencio, permanecen parados frente a lugares emblemáticos de Italia y Francia para pedir los derechos humanos que, sin pausa, nos van cercenando. Ridículo porque cuando se usan los mismos medios para pedir libertad, respeto y justicia  para un ser humano y libertad, respeto y justicia para un conejo, una de las dos cosas se queda como la copia mala de un original digno.

Y allí estaban, cariacontecidos, denunciando que hay animales que sufren.  Es triste. En el lateral de la performance, dos casetas pedían firmas y adhesiones para que los animales dejen de sufrir adquiriendo derechos humanos. Se veía organización y dinero.

Los turistas hacían fotos, mientras las vacas troceadas, en manos de sus iguales sapiens, pedían unos derechos que cada día son menos humanos y más animales.

¿Sabrán las vacas que los derechos que piden para ellas no abarcan a sus ternerillos por nacer?

¿Sabrán los perros que, si eligen la fe equivocada, sí van a poder degollarles sin que sus defensores muevan un dedo por su, ya miserable, vida?

¿Sabrán los leones que por eso de la igualdad animal, cazar cebras es un asesinato? Bueno, depende, si los leones se asocian y actúan como terroristas, es posible que sólo sea una ejecución.

¿Sabrán los ratones que lo mismo pueden ser animales de segunda, si  los mata, destripándolos, un gato, o de primera y con derechos por encima de enfermedades  y hambre si los envenene un repugnante humano?

Era todo tan siniestro, tan ridículo, tan banal y éticamente depauperado que sólo podía darle dignidad y sentido la foto de un feto muerto y un huevo de águila bajo el mismo eslogan: IGUALDAD ANIMAL: ÉL TAMBIEN LA QUIERE.

Triste comparación: los que piden  que el hombre siga siendo hombre y los que piden que el cerdo sea humano, lo profundo frente a la frivolidad, lo imprescindible frente a lo accesorio, lo absoluto frente a lo contingente, un mundo que se acaba frente a un mundo de valores nuevos tan nobles como  el latón, tan eternos como los muebles de aglomerado. Las raíces del árbol frente a las del nenúfar.

Sin embargo, era evidente en esa estampa de funeral en una casquería que algo había corrompido al árbol hasta derribarlo, mientras los valores de quita y pon, como las flores del nenúfar, iban surgiendo y muriendo en un mundo sin raíces y sin voluntad de eternidad., Nos guste o no, un mundo nuevo que surge y un mundo viejo que se desploma como un olmo viejo, hendido por el rayo y en su mitad podrido…

“Mi corazón espera

también, hacia la luz y hacia la vida,

otro milagro de la primavera”.
Alicia V. Rubio Calle