Ayer escuché la entrevista que hizo Carlos Herrera en Onda Cero a Pedro, el inmigrante nigeriano que encontró un maletín con 16.000 euros y se apresuró a entregarlo a la Policía. Se que es un tópico pero me ha alegrado mucho que un africano que se gana la vida vendiendo pañuelos nos de una lección de ética práctica, no de buenos propósitos ni códigos deontológicos, a los españoles. Ni transparencia ni buenas prácticas ni reflexiones sesudas. Realidad pura y dura.

Pedro ha ejercido la honradez de toda la vida («quien roba un sello roba un camello», decían nuestros mayores), el no apropiarse de lo ajeno, aunque esté a mano y nadie te vea. Toda una declaración de principios en un país en el que la corrupción es una de las mayores preocupaciones de los españoles.

Y para mayor desafío a lo políticamente correcto, el bueno de Pedro ayuda a Misa en la parroquia de su barrio desde hace casi una década. » A Dios no le habría gustado», ha declarado como argumento para no haberse quedado con el maletín de dinero.

Ahí es nada, Pedro el nigeriano nos ha dado una lección de ciudadanía.

Teresa García-Noblejas