La polémica  –y la confusión– sobre Educación para la Ciudadanía (EpC) sigue abierta. El reciente desafío de la Junta de Andalucía al reintegrar «el cien por cien» de los contenidos originales de la asignatura ha venido a demostrar que el tibio maquillaje de las enseñanzas mínimas obligatorias realizado por el Gobierno del PP es sólo un mal parche: el carácter adoctrinador e ideológico de EpC sigue siendo una realidad.

Esta es una de las conclusiones que cabe extraer del amplio reportaje publicado en La Razón de ayer, con la firma de la periodista Rocío Ruiz, con el titular «Sin paz en las aulas por Ciudadanía». El reportaje traza un panorama del estado de la cuestión, resaltando como los alumnos de Andalucía, Islas Canarias y Pais Vasco «siguen estudiando los contenidos que introdujo el anterior Gobierno socialista».

La Razón incluye también un artículo de la periodista Cristina López Schlichting  —«Kaos»—  y El Análisis firmado por el Presidente de Profesionales por la Ética, Jaime Urcelay«¿Una materia adoctrinadora?»–.

Para López Schlichting «la ideología de género, el antiliberalismo o el anticlericalismo son ideas respetables sobre las que se puede discutir (…). Lo que no es de recibo es que sean de obligatoria enseñanza y lo paguemos con nuestros impuestos».

«En agosto, el Partido Popular estableció que  los niños no tenían por qué sufrir que los maestros les explicasen que la familia tradicional es un fraude, el capitalismo, un veneno o la Iglesia, una mentira. Ahora nos enteramos de que la mitad de España sigue recibiendo tan peculiares ideas en la cartilla. Pues qué quieren que les diga. O el Gobierno es impotente o las urnas en España no sirven para nada. Y no sé cuál de las dos hipótesis es peor. Podríamos aconsejar a Mariano Rajoy que cuide derogar Educación Para la Ciudadanía de la Enseñanza Secundaria (donde pervive) en la próxima reforma educativa, pero largo nos lo fiais. Entretanto no sé si achacar a cobardía del Gobierno o a descomposición nacional que los niños sigan siendo víctimas de un lavado de coco que, en Vallecas, se denominaría «kaótico»».

Por su parte, Urcelay responde en El Análisis a tres preguntas del diario La Razón. Reproducimos a continuación el contenido de sus respuestas:

¿Qué aporta la asignatura de Educación para la Ciudadanía?
–Poco o nada. Más bien provoca problemas: invade la responsabilidad de las familias en la educación moral de sus hijos, impone criterios sobre cuestiones controvertidas y resta tiempo a las asignaturas fundamentales. Los contenidos que sí son necesarios pueden estar en otras materias o tratarse en las tutorías. Es falso que Europa nos exija el actual modelo.

La regulación de los nuevos contenidos de la asignatura, ¿puede ser un paso previo para su supresión en la próxima reforma educativa?
–Ésa ha sido la intención del Ministerio, pero se podía haber ido mucho más lejos. Nadie ha quedado satisfecho.  La asignatura está mal enfocada desde su origen porque se entendió más como una moral de Estado obligatoria que como un conjunto de conocimientos sobre el sistema democrático y constitucional. Por eso no basta con maquillarla. La mejor solución del conflicto es que el Gobierno cumpla su compromiso y quede suprimida en la nueva ley.

¿Está admitida la objeción a la asignatura en España?
–El Tribunal Supremo quedó dividido ante esta cuestión, pero finalmente no la admitió, a diferencia de lo que ocurrió en varios tribunales superiores de Justicia. Con todo, muchos padres prefieren seguir su conciencia y, a día de hoy, siguen objetando, asumiendo que sus hijos suspendan esta asignatura. Ahora que el Gobierno ha declarado que se trata de una asignatura adoctrinadora, lo coherente sería que se eliminaran los perjuicios académicos sufridos desde el año 2007 por los alumnos objetores. 

Leer el reportaje de La Razón «Sin paz en las aulas por Ciudadanía» (17/09/2012).

Leer el texto completo del artículo de Cristina López Schlichting «Kaos» (La Razón, 17/09/2012).

Leer «El Análisis» de Jaime Urcelay titulado «¿Una materia adoctrinadora?» (La Razón, 17/09/2012)