Al finalizar el curso 2012-2013, hemos conversado, como ya viene siendo costumbre desde hace algunos años, con el Presidente de Profesionales por la Ética, Jaime Urcelay, para pedirle que haga balance del período que ahora termina y que nos trace alguna perspectiva para el curso próximo.

Si te parece, empezamos por lo que a tu juicio ha sido más relevante en la evolución del entorno durante este curso…

Desde el punto de vista del entorno el curso no puede haber terminado de una forma más esperanzadora. Me refiero, claro está, a lo sucedido en Río de Janeiro durante la Jornada Mundial de la Juventud, en la que los vigorosos mensajes del papa Francisco ante tres millones de jóvenes han renovado la llamada a los laicos a la construcción de la Civilización del Amor con todas sus consecuencias, personales y públicas. No podemos olvidar que esa misma llamada, hecha por Juan Pablo II en la JMJ de Czestochowa en 1991, está en la génesis de Profesionales por la Ética. Por eso, el acontecimiento de Río ha sido tan motivador para nosotros.

Por lo demás, en este curso las buenas noticias han venido, en su mayor parte, de fuera de nuestras fronteras. No todo ha sido ni mucho menos positivo, pero cómo no destacar la sorprendente primavera francesa en torno a la defensa del matrimonio y los derechos de los niños y la denuncia de la teoría de género. Es un movimiento del que estamos aprendiendo mucho y en el que desde el principio nos hemos reconocido como asociación, tanto por su fondo como por su método. Pero el caso de Francia no es único. Este año hemos asistido a hitos muy positivos en línea con los principios y valores que defendemos en países como Hungría, Croacia y en otros de Europa del Este, pero también en las naciones hispanoamericanas, que sufren ahora la embestida de la cultura de la muerte y la ideología de género. Colombia, Argentina, Chile, Ecuador, México, Uruguay, Costa Rica… nos han proporcionado admirables ejemplos, tanto desde la sociedad civil como, en algunos casos, desde las instituciones públicas, de defensa del derecho a la vida, de la familia o de la libertad de conciencia.

¿…Y España?

Es ya casi una constante histórica en nuestra patria que los gobiernos calificados como  «de derechas» o de «centro-derecha» consoliden, en el ámbito de la cultura, lo que alguien llamó la «obra revolucionaria» de la izquierda, produciendo además un efecto de anestesia, de desmovilización, sobre la sociedad que hizo posible su llegada al poder y que resistió en la calle frente a la tentación totalitaria de la izquierda. En el caso del Gobierno de Mariano Rajoy esta especie de fatal ley de hierro ha ido aun más lejos porque hay ya muchas evidencias de que el aparato del PP ha renunciado a cualquier principio que no sea el de la eficiencia económica y la conservación del poder. La absurda reacción tras la sentencia del Constitucional sobre el mal llamado «matrimonio homosexual» fue, para mi al menos, paradigmática. Todo esto es muy preocupante –o muy clarificador, según se mire–  y marca un punto de inflexión para el futuro del que hay que tomar buena nota.

La herencia legislativa de Zapatero ha sido demoledora en términos sociales y el Partido Popular, una vez alcanzada la mayoría absoluta, no ha querido mover un solo dedo para desmontar esa herencia, a pesar de sus compromisos con los electores y de que afecta a cuestiones esenciales para el bien común como son el derecho a la vida de todos y en todas sus fases, la identidad sexual del ser humano o el significado diferencial del matrimonio, el derecho de los niños a un padre y una madre, la libertad educativa o el respeto a la identidad y la historia colectivas. Y esto sin mencionar otros temas clave en el orden institucional que están en la mente de todos, como la cuestión de la corrupción política o la necesidad de una regeneración a fondo del funcionamiento de la democracia. Se está desperdiciando una oportunidad histórica.

A tu juicio, entonces, ¿qué cabe esperar?

El panorama, cuando nos acercamos al ecuador de la legislatura, no puede ser más frustrante si exceptuamos la tímida reforma educativa del proyecto de LOMCE, sobre el cual, además, tampoco tengo la seguridad de que esté dicha todavía la última palabra… El Partido Popular no tiene una propuesta propia sobre la persona y la sociedad y esto es suicida. No sólo de pan vive el hombre… Reducir el bien común como finalidad de la política a la economía y la eficiencia en la gestión pública  -suponiendo además que en ese terreno estuviesen haciendo las cosas bien, cosa que tampoco creo, al menos para el conjunto de la sociedad y sus miembros más débiles-   es una equivocación, además de un fraude a los electores que acabará pasando factura. En este sentido creo que el último cuatrimestre de este año puede ser decisivo.

Centrémonos ahora en el trabajo de Profesionales por la Ética durante este curso.

La absoluta independencia de nuestra asociación es un factor diferencial en un escenario como el que ahora estamos viviendo; creo que está quedando muy claro. No podemos cansarnos de repetir al Gobierno del PP cuáles son sus compromisos ni cuáles son las medidas legislativas y políticas que debe adoptar para recuperar espacios en la plena protección de la dignidad de la persona y sus derechos fundamentales. Esa es nuestra razón de ser como asociación y no vamos a renunciar a ella, gobierne quien gobierne y nos cueste lo que nos cueste. La sociedad civil autónoma, activa y organizada, es ahora más necesaria que nunca.

Durante todos estos meses hemos estado tratando de influir, modestamente con nuestras denuncias y propuestas concretas, para que se produzca un cambio de rumbo. Por ahora los resultados, salvando el tema de la futura eliminación de Educación para la Ciudadanía, no han sido visibles… pero no podemos cansarnos. Vamos a seguir insistiendo a tiempo y a destiempo, aunque sólo sea para tratar de mantener viva la conciencia colectiva de que hay gravísimas anomalías y carencias en la legislación y en las políticas públicas españolas que pueden y deben ser corregidas. Evidentemente, como asociación no podemos abarcarlo todo; estamos tratando de priorizar lo que se refiere a la plena protección de la vida humana   -especialmente en la fase prenatal y en el caso de los enfermos terminales-, la libertad de los padres para escoger la educación de sus hijos y la libertad de conciencia de los profesionales.

¿Cuál es la situación de las principales campañas? ¿Qué hitos destacarías de este curso?

Los diferentes proyectos y campañas siguen avanzando, al menos en la medida de nuestros recursos, que son escasos, aunque tratamos de suplirlos con el compromiso y el entusiasmo del equipo de voluntarios de la asociación, de la cada vez más nutrida red de expertos y del inestimable apoyo de un cada día más numeroso conjunto de socios y amigos de Profesionales por la Ética. Las alianzas internacionales están siendo también fundamentales y nuestra aportación a ellas cada vez más significativa, como se ha puesto de manifiesto con la reciente campaña de apoyo a la Constitución húngara.

En el contexto de los avances vertiginosos en la investigación biomédica, debo subrayar aquí los pasos en el proyecto para la protección de los embriones humanos y la adecuación de la legislación española   –¡y de las convocatorias de ayudas públicas a la investigación!– a la normativa europea y la todavía reciente sentencia del Tribunal de Justicia de la UE. También los importantes pasos que venimos dando en el Proyecto Vida Digna para la prevención de la eutanasia y la extensión de unos cuidados paliativos integrales y de calidad. Se está haciendo una labor callada pero muy importante, tanto a nivel nacional como internacional, de la que vamos a ver frutos. En libertad educativa estamos centrados en el seguimiento de la tramitación parlamentaria de la LOMCE, la inclusión de una Disposición Transitoria que normalice la situación académica de los alumnos objetores a EpC, un cierre al menos correcto del resto de aspectos que afectan a la libertad de elección de los padres y, por supuesto, la definitiva supresión del letal capítulo educativo de la Ley del Aborto, si es que el Gobierno se decide de una vez a cumplir sus compromisos y a acometer su reforma…

¿Alguna otra cosa que quieras añadir?

Sí, tal vez subrayar algo que apuntaba antes: el último cuatrimestre del año 2013 creo que va a ser especialmente importante porque en él tienen que decantarse inevitablemente algunas cuestiones fundamentales de cara al futuro. El tiempo se acaba para el Gobierno del PP y  las elecciones europeas de 2014, por ejemplo, están a la vuelta de la esquina. Creo que si antes no hay reformas reales en temas fundamentales, el PP se puede encontrar con sorpresas desagradables.

Y, por supuesto, aprovechar esta oportunidad para dar nuevamente las gracias a todos nuestros socios, colaboradores y amigos por su decisivo apoyo a lo largo de todo este curso. A todos ellos y a sus familias deseo también unas muy felices vacaciones de verano.