Partido-Popular-EleccionesEn el Congreso que acaba de iniciar el Partido Popular en Sevilla con el título Comprometidos por España se ha presentado una ponencia realizada por Santiago Cervera, José Ramón Bouza y Alberto Núñez Feijoo que recoge el siguiente texto referido al partido que gobierna actualmente nuestro país:

Está inspirado en los valores de la libertad, la democracia, la tolerancia y el humanismo cristiano, y está plenamente comprometido con las necesidades, las preocupaciones y los problemas de todos los ciudadanos.

Como ya ha sucedido en otras ocasiones, algunos compromisarios (pocos) han presentado una enmienda para eliminar la expresión humanismo cristiano y sustituirla por humanismo occidental o europeo con el argumento de que lo occidental ya incluye a lo cristiano porque el partido no debe identificarse con una confesión religiosa.

En primer lugar, conviene aclarar que una cosa es un partido confesional, cuyo ideario se identifica con una determinada confesión religiosa, y otra cosa es un partido que toma como referente los valores del humanismo cristiano, es decir la concepción cristiana de la persona y de la sociedad. Esto último no implica que todos sus miembros y votantes sean cristianos (católicos en el caso de España) pero reconoce y valora lo cristiano como una aportación esencial para la construcción del bien común y la vida en comunidad.

Naturalmente que lo occidental integra lo cristiano pero la realidad es que lo occidental y sus valores (dignidad de la persona humana, derechos humanos, separación Iglesia-Estado, libertad religiosa, dignidad común del hombre y la mujer, la justicia social…) son fruto de la evangelización de Europa y de la historia milenaria forjada por generaciones de cristianos, religiosos y laicos (con sus luces y sus sombras).

Otra cosa es que la Europa actual esté secularizada y sus hombres y mujeres estemos necesitados de una misión ingente y adaptada al siglo XXI en sus instrumentos y en sus medios, es decir la Nueva Evangelización. Y evidentemente esta no la traerá la política por si misma, aunque el marco jurídico, el ambiente social y el ejercicio de las responsabilidades públicas pueden ser un obstáculo o una ayuda para proponer el Evangelio con libertad y coherencia.

Para mí (sin querer juzgar las intenciones de nadie y con el riesgo de equivocarme) que la pretensión de eliminar el término cristiano podría responder a la mentalidad laicista de expulsar a los católicos de la construcción de la vida social y política dando por hecho que no tienen nada bueno que aportar y que son portadores de creencias irracionales que pretenden imponer a toda la sociedad.

Muy al contrario, la presencia de ciudadanos cristianos comprometidos con la sociedad y el ejercicio de la política es hoy más necesaria que nunca. En una sociedad en crisis, falta de liderazgos políticos y sociales, los católicos estamos llamados a hacernos presentes no para imponer creencias sino para trabajar con responsabilidad, realismo y pasión por los derechos y la dignidad de la persona, la justicia social, la libertad y la convivencia entre los españoles. Es decir, trabajar por el bien de todos, según la significativa definición de «bien común» formulada por Benedicto XVI.

Teresa García-Noblejas