Patricia Martínez 2010Zamora, 27/01/10. Con la presencia del obispo de Zamora, Gregorio Martínez Sacristán, que dirigió la oración inicial, esta mañana tuvo lugar en el Salón de Actos del Seminario San Atilano el segundo día de las Jornadas Diocesanas 2010, dedicadas este año al tema de la familia. Un público formado en su mayor parte por los sacerdotes de la Diócesis de Zamora (pues las conferencias de la tarde están más dirigidas al público en general) asistió a una ponencia que llevaba por título “La Educación: Un reto para la Familia Cristiana”.

En esta Jornadas ha participado Patricia Martínez Peroni, miembro de Profesionales por la Ética y profesora de Antropología, quien ha asegurado que más que de crisis de la familia, habría que hablar de crisis de la persona, que está a la base”. Lo que ocurrió en la Edad Moderna, con el cambio filosófico y la ruptura religiosa de la Reforma, influyó en la concepción de la autoridad y del orden: “cada uno cree lo que le da la gana sobre lo que es el bien”.

El problema del subjetivismo, de vivir de espaldas a la realidad, es que “se pierde el sentido común, y al perderlo, lo que surge es la autonomía moral”, según señaló la conferenciante. Entonces se pone el Estado por encima de las confesiones religiosas y de las personas. “Hoy la educación se ha convertido en una ideología; no es igual que la educación antigua, pues ya no se admite la naturaleza ni la autoridad”, y además, “se niega que las confesiones religiosas tengan algo que decir en materia de educación”.

En la España de los años 70 se dio un giro radical en materia educativa, pasando a lo que se llamó la “autogestión escolar, que supuso la politización de la enseñanza”, y en la última ley, la LOE, “se introducen una serie de asignaturas ideológicas para manipular al ser humano. Hoy, la educación es la herramienta más revolucionaria que tiene un poder político”.

Martínez Peroni afirmó que ahora la educación sólo estimula la tecnología, y lo más epidérmico de la persona, lo sensible, dejando de lado lo espiritual. “Las leyes socialistas han buscado, en última instancia, la autonomía moral del individuo, basada en la concepción de que el sujeto se debe autoconducir. De ahí nacen fenómenos como las quejas al Defensor del Menor, la violencia escolar, etc. Todo esto no es casual. Hay algo que es ambiental y está desquiciando a la naturaleza humana… uno se pregunta si la política educativa de este país estará buscando otra clase de persona y de ciudadano”.

La solución está en “los hábitos y convicciones morales, no en aumentar la tecnología”. La ponente afirmó que la alternancia política no ha modificado en líneas generales la cultura ni la educación, manteniéndose la misma constante en estos treinta años. “Existe un proyecto cultural, claramente, y así la Iglesia no va a poder evangelizar, porque el sistema educativo, durante treinta años, ha descerebrado a los humanos, porque sólo les hace vivir emocionalmente, no hay manera de que estos sujetos aborregados puedan tener ideas propias ni convicciones”.

Cuando, además, “este sistema educativo pretende modificar la moral, deslegitimando a la Iglesia, los padres, la familia, el derecho… y se pone como centro la autonomía moral, estamos haciendo de los niños y adolescentes primates evolucionados, y no son sujetos aptos para transmitir la civilización ni la fe”.

Trascendencia, naturaleza humana y educación
La profesora Martínez Peroni afirmó que “cuando uno prescinde de Dios, uno se autoinventa. No se puede obviar que tenemos un espíritu trascendente. Las generaciones futuras tienen una trascendencia sobre las que tenemos nosotros una responsabilidad, y no se puede uniformar ideológicamente a todos, imponiendo un relativismo moral”.

Aunque valoró positivamente el reconocimiento de la igualdad de los ciudadanos y de derechos de las personas, también señaló que “cuando la igualdad se convierte en discriminación ideológica, no es tan legítima. Hay un claro proyecto de qué es el hombre, de cómo deben ser los ciudadanos; se quiere cambiar la cultura: lo dice el Gobierno actual en las leyes que está haciendo”. Y añadió que “lo más grave es el intento de cambiar la naturaleza humana, introduciendo un concepto lingüístico que es el ‘género’, y ya no hay hombre ni mujer. Y la genética niega que existan estas diferencias de género, la mayor parte es comportamiento adquirido”.

De hecho, la ponente dijo que “el 98% de las personas nacemos varón o mujer, con una morfología al nacer y una identidad sexual clara. Pero cuando el ambiente es tan relativista, se le hace dudar al niño, cuando se le dice: ‘tú eliges’. Es un disparate educar así al niño, porque se originará una cultura promiscua, una ‘cultura gay’. Pero eso nosotros lo aceptamos como un nuevo derecho humano”.

El poder aprovecha la debilidad de la sociedad para pulverizar no sólo el orden cristiano y lo que diga la Iglesia, sino también pulverizan la identidad humana. Ya no se habla de personas, se habla de ciudadano, de individuo, de género… y no se puede educar si no hay un sujeto humano detrás, para sacar de él sus hábitos intelectuales, morales y espirituales”, explicó. Y también dijo que “desgraciadamente, todos los proyectos curriculares de la legislación española están marcados por un biólogo, Jean Piaget, que por concepción y por filosofía no creía en la trascendencia humana”.

Martínez Peroni criticó duramente la situación educativa actual: “la filosofía de la educación que hay detrás del constructivismo pedagógico ha originado sujetos descentrados, incapaces de pensar, inmaduros, violentos… Nulo esfuerzo, nulo sentido común, nula memoria, nula curiosidad por aprender… éste es el resultado de la educación española. Ese chico, que ha sido injustamente maleducado, es fruto de un sistema educativo movido por una ideología de fondo que quiere un hombre sin trascendencia, un hombre más manipulable, sin convicciones ni personalidad”.

Propuestas de acción

Por eso “hay que recuperar el sentido común, y la responsabilidad de los adultos. Nosotros, los cristianos, hemos abdicado de hablar de Dios, y aguantamos también la blasfemia y la humillación pública de nuestros elementos religiosos, cuando a los musulmanes se les respeta escrupulosamente. Hemos dejado la educación en manos de la ideología, y el producto de lo que se ha sembrado es lo que estamos recogiendo. Hemos actuado por omisión, así que tenemos que recuperar la presencia y el ejemplo, empezando por la madre y el padre”.

La conferenciante hizo una defensa de la institución familiar: “hemos de recuperar la vida de familia, el apoyo y el respeto a la autoridad de los colegios, de los idearios, de las parroquias y sacerdotes… en lugar de combatirla. Recuperado el corazón humano, hay que volver a vertebrar la sociedad. No estamos en las catacumbas como algunos dicen, pero sí es cierto que debemos volver a ser células cristianas vivas, y las parroquias deben volver a ser comunidades, apoyo de las familias, un centro vital donde los padres estemos tranquilos porque se nos ayuda a educar a nuestros hijos como fermentos de una sociedad vida. Lo contrario es ceder por omisión y luego quejarse de lo mal que está la sociedad”.

Información tomada de Ecclesia digital.