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La Justicia española ayuda a demostrarle al mundo ese secreto a voces que indica nexos de las bandas terroristas de las FARC y ETA con el establecimiento Venezolano. Después de las peleas semánticas y de la acostumbrada grosería con la que el presidente del gobierno venezolano Hugo Chávez arremete contra todo aquel que pretenda cuestionar su comportamiento antidemocrático, yo no sé si España le pidió o no explicaciones a Venezuela, pero por supuesto sé que el mundo entero reclama con urgencia que Chávez explique cuáles son estos presuntos nexos oscuros entre su gobierno y los terroristas.

Como simple ciudadano común y como colombiano tengo derecho a pronunciarme libremente desde esta tribuna exigiendo con toda vehemencia y justicia que se le explique al pueblo colombiano si gobiernos de países hermanos han apoyado, protegido o financiado a los mayores verdugos de la historia de Colombia y si en esta connivencia se está apoyando desde el exterior el ataque frontal contra la democracia de nuestro país. Por eso la primera reacción del presidente del gobierno español fue acertada al pedir públicamente explicación a Chávez sobre estos nexos, aunque éste, con su estilo acostumbrado, haya menospreciado y haya hecho burla del reclamo del primero. Hasta ahora como siempre Chávez se ha movido, con su frecuente habilidad, para evadir las acusaciones y trasladarlas a alguien más o distraer la atención con su verborrea baja e incontenible.

Ya nos hemos dado cuenta en el pasado que, cuando los gobiernos deciden traspasar los límites del estado de derecho y violar todos los principios de los derechos humanos y fundamentales, lo más importante es una respuesta firme de la comunidad internacional exigiendo claridad respecto de estos temas. Frente a sistemas totalitarios y cómplices del terrorismo deben emerger liderazgos visibles que exijan claridad en el concierto internacional y que no se dejen amedrentar con las amenazas de los tiranos, que no se dejen manosear con el menosprecio de los dictadores, ni mucho menos se dejen traicionar por sus románticas y utópicas lealtades ideológicas. Una vez más estamos frente al dilema de defender la libertad y la democracia o ser cómplices de la manguala entre gobiernos y terroristas. Colombia y el mundo exigen conocer la verdad de éstas complicidades que atentan gravemente contra nuestras instituciones.

Víctor Hugo Malagón. Colombia