Si algo me enfrentó a la ideología de género desde que tuve información sobre sus planteamientos fue la sensación, francamente desagradable, de que me estaban insultando. A mí y a mi inteligencia. A mi inteligencia y a la de millones de mujeres. Y cuanto más leo sobre el tema, más agredida y vilipendiada me siento como mujer. Mal está que te insulten, pero que todas esas ofensas a la mujer vengan de un movimiento que dice obrar en favor de todas las ofendidas con sus burdos planteamientos, clama al cielo.

El último insulto lo leí ayer. Provenía de uno de esos genios de la investigación que utiliza como método algo tan poco científico como tener la solución y encajar el problema a martillazos en esa solución. El problema: que las mujeres no hacemos lo que la ideología de género nos manda. La solución: los estereotipos «de género» y los patrones sociales impuestos.

Estaba buscando estadísticas sobre porcentajes de mujeres y varones en los distintos estudios superiores y, en el caso de las carreras técnicas, hay cifras muy interesantes. Pese a que en algunas ramas de ingeniería el porcentaje es mayoritariamente masculino (electricidad, mecánica, caminos, teleco…), en otras se iguala (electrónica, informática…) e incluso en algunas como la ingeniería química, las mujeres superan a los varones matriculados. En realidad, yo no veo hombres y mujeres, sino personas que eligen carreras en función de su vocación. Pero, como ahora no hay que discriminar pero hay que estar constantemente haciendo estadísticas sobre «empleo y entrepierna», «política y entrepierna», «estudios y entrepierna», por circunstancias me vi inmersa en la vorágine de separar a los futuros ingenieros según sus… ejem… cromosomas.

Siempre es bueno que la ideología de género se vea desmentida en sus cifras de menoscabo de la mujer que tanto dinero y prebendas les proporcionan: hay que tener presente que cifras bajas de mujeres en algún ámbito, dan lugar a que los ideólogos de género pidan subvenciones, leyes especiales y observatorios «cuenta-partespudendas» para erradicar la presunta discriminación. También es bueno que las mujeres elijan lo que les dé la real gana con independencia de lo que piensen los que yo denomino «sexadores de pollos». Estupendo que haya muchas ingenieras químicas.

¡Estupendo, no! ¡Un fastidio que sólo puede tener un origen turbio e impuesto de forma subconsciente! Y es, en este punto, donde aparece mi personaje favorito: el ideólogo de género vocacional que encaja, a martillazos, la «solución» en el problema, insultando a las ingenieras químicas y a todas las mujeres con el honesto fin de ayudarlas a escapar de su miserable estulticia.

El problema: que no están todas las carreras técnicas al 50% como debería ser en el perfecto mundo igualitario, tan falso como dictatorial, que nos tratan de imponer. Malo que haya pocas… mucho peor que haya demasiadas.

La solución: Los estereotipos. Las mujeres eligen la ingeniería química «porque tienen el referente de Madame Curie» (sic), y van todas como borreguitas.

Objeciones: ¿Las mujeres somos tontas y no hacemos nada que no hayan hecho antes otras mujeres? ¿Ustedes se imaginan a esas chicas, inteligentes y valiosas, eligiendo su futuro laboral en función de si hubo antes una pionera? ¿Cuántas creen que pensaron en Madame Curie al matricularse?

Por otro lado, si Madame Curie tuvo dos Premios Nobel, uno en Química y otro en Física… ¿por qué las chicas no copan también Ciencias Físicas, puesto que tienen como referente a una mujer y, en cambio, es carrera mayoritariamente masculina?

Cada vez que un idiota de estos infiere que las elecciones femeninas no son fruto de su inteligencia y madurez, sino que provienen de su miedo a ser diferentes, de sus convencionalismos, de su minoría intelectual, de su estupidez, de su necesidad de referentes femeninos… se me llevan los demonios. Me recuerda a los niños chiquitos que dicen que quieren ser bombero o policía porque lo es su papá o porque les gusta el uniforme, o porque tienen un coche o muñeco bombero y que luego nunca coincide con sus elecciones futuras. Lo que a los 5 años es inocencia, suponerlo en mujeres adultas es llamarlas idiotas.

Eso, que somos tontas e infantiloides porque, simplemente, no elegimos lo que quieren los ideólogos del género que elijamos, o porque hay que seguir forzando la máquina del genero y los estereotipos, que da mucho dinero. Todo antes que reconocer que la mujer actual, libre, inteligente, igual en derechos y dignidad al hombre, tiene los gustos que le da la gana y que suelen ser diferentes a los de los varones por motivos físicos, fisiológicos, neurológicos, hormonales y psicológicos.

Oigan, el día en que a los «sexadores de pollos» y otras malas hierbas se les meta en la cabeza que las chicas no somos idiotas, inmaduras, pacatas y medio gilip…tontas, creo que empezaremos a equipararnos a nuestros compañeros varones totalmente.

Alicia V. Rubio Calle