Francia establece el «derecho» a una sedación profunda y continuada a todos los ciudadanos. El establecimiento como «derecho» conlleva la obligación de los profesionales a aplicarla, sin diferenciar sedaciones correctas de las incorrectas. Desde el punto de vista profesional no existe tal derecho como se entiende que no existe «el derecho a la escayola» .

En realidad la sedación es un tratamiento para el paciente que lo necesite y ésto ya está admitido por todos los protocolos médicos para aliviar un síntoma en la fase terminal que no responda a otros tratamientos: a las dosis adecuadas y sabiendo que puede ser intermitente.

Lógicamente establecerlo como derecho puede suponer un abuso y, por eso, no es acorde a las indicaciones de la Organización Médica Colegial y la SECPAL (Sociedad Española de Cuidados Paliativos) que establecieron una Guía de uso correcto de la sedación. Pues, por ejemplo, ¿tiene sentido una sedación en un paciente en coma, que no sufre?.

Con este tipo de ley todos los ciudadanos, sin excepción, se ponen en riesgo cuando se encuentren en situación de vulnerabilidad, y la intención es lo que motivará la ética de la sedación. Es inadmisible la sedación para dar muerte. Además, la propuesta de ley francesa permite a los médicos la retirada de todo tratamiento, incluida la hidratación y alimentación, cuando no son tratamientos sino cuidados que cualquier persona precisa. Porque la alimentación e hidratación son tan básicas para el ser humano que retirarlas origina una muerte intencionada (eutanasia), que es lo que conlleva la norma aceptada en Francia.

María Alonso