Hace unos días el diario La Razón publicaba un reportaje titulado Los limbos de la reproducción asistida en el que se daba cuenta de los miles de embriones congelados o crioconservados en España; unos 50.000 según unos, 200.000 según otras fuentes porque las administraciones no se han tomado el trabajo de contarlos.

La información del diario es confusa y extrañamente omite la Ley de Reproducción Humana Asistida de 2006, a la que cita como un Real Decreto. La realidad, y en eso sí aciertan, es que la legislación española permite acumular embriones humanos sin destino claro, teóricamente a merced de los padres que podrían recuperarlos para donarlos a la ciencia o para implantarlos en la madre o en otra mujer.

El Comité de Bioética de España, según La Razón, estaría estudiando una nueva modalidad de legislación sobre fecundación in vitro (FIV) que consistiría en fecundar únicamente los embriones que se vayan a implantar a la mujer. De este modo se pondría fin a la indigna crioconservación de seres humanos en desarrollo.

En la misma línea que el Comité de Bioética de España, en Costa Rica Rodolfo Piza, candidato presidencial del Partido Unidad Social Cristiana, aboga porque la futura legislación sobre FIV en su país garantice el derecho a la vida y no permita descartar embriones ni óvulos fecundados ni congelarlos ni almacenarlos. Esta información la proporciona La nación.

Por último señalar que en el reportaje de La Razón, el representante de una clínica de reproducción asistida reconoce que apenas se investiga con embriones humanos debido a la crisis. Lo que olvidan estos empresarios es que no ha habido ningún éxito terapéutico a partir de la investigación con células madre embrionarias, que se obtienen precisamente a partir de embriones no implantados mediante FIV. Investigar con embriones humanos era un jugoso negocio para algunos gracias a los fondos públicos pero este entramado llega a su fin; la UE no está dispuesta a seguir financiándolo tras la sentencia del Tribunal de Justicia de Luxemburgo, como ya hemos contado.

Ahora, llega el momento de proporcionar la mayor dignidad posible al embrión humano. Dejar de introducirlos en tanques de nitrógeno líquido sería un paso fundamental.