Estrasburgo en bici 1072

Siempre me ha apasionado la montaña, ese deporte en el que uno se pone a prueba por conseguir una meta ubicada en la cima. Cuando he intentado explicar lo que yo sentía al coronar una cumbre muchos amigos y conocidos me expresaban lo mismo: «tanto sacrificio para llegar al pico de una montaña en el que estás quince minutos para luego bajarte otra vez, Mmm…» Y acto seguido escudriñaba en la mirada del que esto me decía un mensaje que podía verbalizarse en algo así como: «¡Qué loco estás, chiquillo, no tendrás otras cosas que hacer…!»

Claro que también me sentí comprendido por muchos otros, entre ellos mi llorado y querido Pablo Domínguez Prieto. Hace poco más de un año él llegó hasta la cumbre del Moncayo para, desde allí, dar el salto definitivo a ese cielo que su corazón ansiaba día tras día en su vida terrenal. El Logos que tanto estudió y enseñó lo encontró allí, cuando fue catapultado a la eternidad desde aquella cumbre. Lo encontró humanado, hecho carne, con un Corazón capaz de comprender nuestros deseos más profundos de dicha y de paz.

Cuando leí su testamento vital, Hasta la cumbre, comprendí todavía mejor que nunca me había equivocado al subir montañas en grupo o solo. Entendí con la mente y con el corazón que yo no podía comprender mejor mi vida sino con el símil de la escalada a una cima cuyo camino era duro y difícil pero gozoso. Me convencí de que el premio no solamente estaba arriba sino también en el camino. Por todo ello soy, somos, homo viator hombres y mujeres en camino para volver otra vez a la Fuente y origen de nuestras vidas.

Ayer un grupo de amigos recios, valientes e insobornables entregó en Estrasburgo la demanda contra este infame Gobierno Español por la imposición de su ideología deshumanizadora mediante ese conjunto de asignaturas que conocemos como Educación para la Ciudadanía. Unos cuantos cientos de padres ascendemos desde hace años por el camino que lleva a la cumbre de la libertad de la educación, de la libertad de las familias para elegir la educación moral que queremos para nuestros hijos.

En el camino ha habido miembros de esta gigantesca expedición que ya han fallecido, trabajando hasta su último aliento por concienciar a los padres de su barrio de que el afán totalitario del Gobierno suponía un jaque mate para las familias. Ha habido padres y adolescentes que han sufrido lo indecible. Siguiendo la comparación de las grandes escaladas muchos tuvieron que regresar al Campo Base heridos y agotados. Otros se han quedado en Campo I, Campo II a 6.000, 7.000 metros de altitud apuntalando la escalada mediante la preparación exhaustiva de toda la logística que implicaba una empresa de estas características.

Los himalayistas y los que somos aficionados a este bellísimo deporte sabemos que a partir de los 7.000 metros (la «línea de la muerte») muy pocos son capaces de aguantar las durísimas condiciones impuestas por la falta de oxígeno. Solo un grupo pequeño podía hacer el último ataque a la cumbre (o quizás el penúltimo, no lo sabemos). Pero para ello los Campos de acondicionamiento, provisión y logística debían estar alerta por debajo de ese nivel tan exigente. Ahí estábamos muchos, aportando nuestro granito de arena para el éxito final de la escalada: ruedas de prensa, artículos en blogs y prensa digital, coordinación de plataformas, materiales, reuniones de las distintas plataformas de padres… todo funcionando en aras del éxito final.

Nuestros mejores escaladores salieron hace dos días para intentar hacer cumbre en Estrasburgo. No hemos tenido ayuda de partidos políticos ni de instituciones oficiales; nosotros «nos hemos buscado la vida» para tener todo el material logístico para esta gigantesca empresa de escalada. Pero lo más importante ha sido la voluntad férrea y el amor a nuestros hijos y, de alguna forma, a todos los niños españoles que nos ha movido a luchar contra esta aberración totalitaria digna de las peores pesadillas de corte orwelliano.

Y venceremos, ¡claro que venceremos! No damos nunca ni un paso atrás.

Miguel Ángel Ortega