Estimado padre objetor:

He leído en tu blog la entrada Diez claves para saber si el centro donde lleva a sus hijos está en contra de Educación para la Ciudadanía.

Se nota que es fruto de la experiencia de años (¡ya vamos para cuatro!) de reflexión y testimonio valiente. En la conciencia de los responsables de los centros educativos (y de las diferentes instituciones que los sostienen, no sólo de una en la que todo el mundo piensa) queda si han cumplido o no con su ideario y misión. No soy yo quien se lo va a recordar; pastores y doctores han hablado mejor y con más autoridad.

Lo que no he podido evitar, leyendo tu certero artículo, es imaginarme que dirijo un centro educativo de gente bien y parafrasear el célebre texto atribuido a Bertold Brecht:

  • Primero me impusieron los conciertos. Me acomodé; al fin y al cabo, es lo que hay.
  • Después dijeron que la educación era una potestad estatal que concedía la Administración a quien le daba la gana. No me gustó pero qué le vamos a hacer, no podemos estar todo el día protestando.
  • Luego vino la dichosa Educación para la Ciudadanía. Un verdadero problema, sobre todo por los díscolos objetores que revuelven a los padres, sobre todo a las madres.
  • Ahora dicen que van a suprimir la educación diferenciada. Bueno, ya arreglaremos lo nuestro en una conversación privada, no será para tanto.
  • Empiezan a quitar los conciertos. Pero de momento, sólo afecta a los colegios de la periferia, ya les dije yo que no se significaran tanto.
  • Me escriben del Ministerio para decirme que los profesores de EpC y de Educación Ético-Cívica tienen que tener el título acreditado por la Fundación Cives o determinadas universidades. Voy a ver si hablo con mi contacto, debe ser algo burocrático.
  • Ha llegado un inspector al centro para ver cómo abordamos la conquista inacabada de los derechos humanos, concretamente «interrupción voluntaria del embarazo, muerte digna y diversidad sexual». He llamado a varios teléfonos pero nadie me devuelve la llamada.

Teresa García-Noblejas