La prensa da cuenta hoy de que unos 70.000 peregrinos diarios llegan a Brasil para celebrar la JMJ Río 2013, el gran encuentro internacional de jóvenes con el papa que está previsto congregue a más de 2 millones de personas llegadas de todo el mundo. El lema de de esta edición  -la XXXVIII desde que Juan Pablo II promoviese esta audaz iniciativa en 1984–  es «Id y haced discípulos a todas las naciones» (Mt. 28, 19).

Esta mañana el papa Francisco ha iniciado su viaje desde Roma a Brasil, donde llegará a las 16.00 (hora local). La ceremonia de bienvenida tendrá lugar una hora más tarde en los jardines del Palacio Guanabara de Río de Janeiro donde será recibido por la Presidenta de la República, Dilma Rousseff.

Nada se entendería de este extraordinario acontecimiento que se celebrará en Río hasta el próximo domingo si se prescinde de su significado más esencial, que es radicalmente religioso: ser una ocasión de encuentro personal de los jóvenes con Cristo en su Iglesia y bajo la autoridad paternal de su Vicario, hoy el papa Francisco. Pero a nadie se le oculta tampoco que este encuentro internacional de más de 2 millones de jóvenes se proyecta más allá de lo estrictamente religioso y eclesial para convertirse en un motivo de esperanza para toda la humanidad, creyente o no.

Y es que frente al paradigma dominante de unos jóvenes  -sobre todo en occidente-   a los que se ha querido someter en una asfixiante cultura de consumismo, individualismo y relativismo, sin además ofrecerles apenas oportunidades de futuro, el acontecimiento de la JMJ viene mostrando  –edición tras edición–   que existen millones de jóvenes en todo el mundo con una vigorosa fe en los valores del espíritu, comprometidos con la búsqueda de la verdad y con el bien de sus prójimos y el de sus comunidades. Millones de jóvenes de los cinco continentes que han descubierto en el servicio a los demás el significado verdadero y plenificante de sus vidas, expresado en ese optimismo alegre  y contagioso que tanto impresionó al mundo, por ejemplo, en la inolvidable JMJ Madrid 2011. Por eso se ha podido decir con toda razón que la JMJ es un encuentro de fe, esperanza y unidad.

La JMJ Río 2013 tiene, además, otra seña de identidad que no puede pasar desapercibida. Estará presidida por el primer papa americano de la historia y se celebrará en una nación iberoamericana que es, por ende, la de mayor número de católicos del mundo (123, 3 millones, en 2010). América Latina fue definida en 1968 por Pablo VI como el «continente de la esperanza» por su «original vocación» al «plasmar, en palabras del mismo Pontíice, en una síntesis nueva y genial lo antiguo y lo moderno, lo espiritual y lo temporal, lo que otros te han dado y tu […] propia originalidad», para dar «testimonio» de una «novísima civilización cristiana». Juan Pablo II y Benedicto XVI retomaron varias veces esta misma definición. 

Con ese sentido de esperanza, nuestro corazón estará durante esta semana en Río de Janeiro.