Que nadie piense que estoy anticipando una revuelta republicana en vísperas de la proclamación de Su Majestad Felipe VI. Hablando en serio, llevo días haciéndome esta pregunta. Mañana y pasado, España será una monarquía constitucional como la define la Constitución de 1978. Ya declaro que, personalmente, no soy monárquica ni por tradición ni por convicción. La república, en sí misma, no es mala ni buena; es un sistema político que en algunos países funciona ejemplarmente y en otros no tanto.

Ahora bien, prudencialmente y conociendo la historia de España en los dos últimos siglos prefiero la actual monarquía a una república sectaria y frentepopulista que nos lleve al borde de la confrontación civil. Naturalmente que me gustaría un monarca con valores y convicciones, que aprecie las raíces de España, sea artífice de la unidad entre los españoles y no tenga complejos, por ejemplo, para acudir a Jesús de Medinaceli, a la catedral de la Almudena o a la basílica de Atocha el día de su proclamación para encomendarse a Dios y pedir la intercesión de Nuestra Señora. Por cierto, que en favor de la fe de don Felipe debo decir que, al igual que su madre, se santiguo públicamente ante el cadáver de Adolfo Suárez. Algo que no hicieron sus respectivos cónyuges, como pudimos ver todos en la televisión.

¿Qué van a hacer algunos para que España, mañana (en una década) sea republicana? Se me ocurren algunas ideas:

  • Desacreditar a la monarquía o aprovecharse de sus errores o de los de las personas de su entorno en materia de gestión política y económica, competencias constitucionales, comportamiento personal, negocios privados y líos sentimentales.
  • Hacer pedagogía curricular (en las escuelas) y mediática (series de televisión) del paraíso que constituyó la Segunda República, a diferencia de la tiránica monarquía.
  • Reformar la Constitución dejando abierta la puerta a un cambio en el modelo de Estado de manera que sea más fácil (sin consenso entre los grandes partidos, mediante referéndum…) pasar de la monarquía a la república.

Y ¿qué pedagogía se puede hacer para que España, mañana, NO sea republicana, al menos en el sentido que pretende la izquierda radical? Pues apunto algunas ideas muy por encima:

  • Que el monarca de ejemplo de trabajo, honradez, austeridad, prudencia y afán de servicio sin dar pie a habladurías y evitando aparecer como frívolo, ocioso y parasitario. Hacer extensivo ese espíritu a su familia y cortar de raíz las amarras con aprovechados de diversa condición.
  • Que escuche a todos (no solo a los que gritan más, o a los más progres o a los famosos) y se deje aconsejar por los que le pueden ayudar pero sea claro en el ejercicio de su papel constitucional sin concesiones a los secesionismos, radicalismos y sectarismos ideológicos de diverso cuño.
  • Que no tenga complejos en expresar su patriotismo, su fe, su conocimiento y aprecio por la Historia y la tradición de España, incluyendo el catolicismo que declaran casi el 69% de los españoles. Que rece, sea ejemplo y proporcione una formación humana y cristiana a sus hijas.

Y para la sociedad, para los políticos, para la gente de a pie, encomendar al rey a Dios (si somos creyentes) y trabajar con verdadero espíritu de servicio por España, la dignidad y derechos fundamentales de las personas, con amplitud de miras y promoviendo una verdadera educación cívica (no confundir con la adoctrinadora educación para la ciudadanía) práctica y transformadora. Sin el trabajo de todos no habrá bien común ni regeneración de la sociedad, la economía y las instituciones.

En todo caso, que Dios guarde a Felipe IV y le conceda el don de la prudencia, imprescindible en un gobernante, aunque no tenga poder ejecutivo.

Teresa García-Noblejas