La estrella de la reforma educativa del actual Gobierno ha sido, que duda cabe, el área curricular denominada Educación para la Ciudadanía. Primero nos vendieron la moto de que era un mandato de Europa, lo que resultó ser una verdad a medias. Después que sólo enseñaba derechos humanos y Constitución Española; de esta última prácticamente nada y de los primeros, la filosofía para enseñar los «nuevos derechos». De 2005 hasta hoy, ya saben lo que ha pasado: el currículo de EpC se quedó en vaguedades buenistas con incursiones radicales de relativismo moral, laicismo e ideología de género. Todo a la medida de la ideología zapateril, con libros de texto y materiales para todos los gustos. Sorprendentemente, EpC logró movilizar a miles de padres, que llevaron su derecho a objetar a los juzgados, al Supremo y al Constitucional. Y encima va el Supremo y en un conjunto de sentencias políticamente correctas, advierte a la Administración que la educación de titularidad estatal (centro, profesores…) no puede adoctrinar. Y siguen los recursos judiciales, bien a favor del derecho a objetar, bien para denunciar materiales y libros de texto. Entre tanto, el Gobierno no cede y muestra a las claras su modelo de EpC, el ya conocido Sexpresan, un material que recomienda el Ministerio de Educación y enseña a los alumnos a practicar sexo oral y ponerse un preservativo.

Pero la farsa ya ha acabado y la Ley orgánica de salud sexual y reproductiva e interrupción voluntaria del embarazo permite al Gobierno introducir todo aquello que siempre quiso enseñar. Pero si lo hace a través de la comunidad educativa volverá a encontrar problemas judiciales y revolverá a los padres. Y entonces llega Trinidad Jiménez y anuncia que la educación sexual a partir de los 11 años es una medida de salud pública, algo incuestionable. ¿O es que está Vd. contra la salud pública?. Y se empezará a aplicar el curso que viene, con la colaboración de agentes dependientes de Sanidad y no de Educación. Total, los mismos perros con distintos collares; idéntica ideología y diferente envoltorio. Y el padre o la madre que se niegue a que a su chiquillo le enseñen a practicar «sexo seguro» será defenestrado por oponerse a la salud pública, por talibán y reo de muerte social.

Teresa García-Noblejas