Muy a pesar del Gobierno, de sus socios culturales y de sus compañeros de viaje, EpC ha protagonizado en los últimos años el debate educativo en España. La resistencia de los padres a su implantación es claramente una anomalía, un malentendido, un imprevisto que hay que silenciar o al que hay que restarle a toda costa importancia. En el extremo de la provocación, las recientes palabras del gurú Marina: “de hecho, no ha habido ningún problema durante los dos cursos que se ha impartido la asignatura” (entrevista en Fax Press, 09/07/09).

En las últimas semanas el gran tema es la necesidad del gran pacto educativo. ¡Ya era hora!. Pero claro, la realidad del rechazo social a EpC estorba a unos y otros. Por eso, nuevamente, o silenciar o restarle significado.

Un buen ejemplo son las recientes declaraciones de Marchesi, personaje clave para entender el actual “chapapote” educativo y quizá uno de los paradigmas de esos a los que alguien llamó “pirómanos metidos a bomberos”, aunque se ve que la memoria y el principio de responsabilidad aquí no aplican.

Para el que fue artífice de la LOGSE y en la actualidad es Secretario General de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI), “los conflictos de la educación en España se van reduciendo a menos importantes” como “si hay o no Educación para la Ciudadanía”, que no es un “tema central” y “se ha sacado de contexto”, pero “no afecta al modelo básico educativo” (Europa Press, 05/07/09).

Es cierto que el foco del debate educativo debiera haberse dirigido desde el principio a otras cuestiones que no son precisamente EpC. Pero a estas alturas y después de casi tres años de sacrificada y tenaz resistencia de los padres no vamos a dejar que se olvide que no hemos sido los padres, sino el Gobierno y una buena parte de las administraciones educativas, quienes se han empeñado en imponer, sin ningún tipo de consenso previo, unas asignaturas que cuestionan derechos básicos en una sociedad democrática, como son el derecho a educar a nuestros hijos y la libertad de conciencia en la escuela, incluida la pública.

EpC es mucho más que una anécdota que el Proyecto ideológico de Zapatero no midió bien. Es la punta del iceberg de las grandes cuestiones de fondo que están en la base de eso que Marchesi llama “el modelo básico educativo”. Y por eso va a estar en la agenda del pacto educativo. Les guste o no.

 

Jaime Urcelay