Jaime Urcelay, presidente de Profesionales por la Ética

“Se ha querido presentar una imagen siniestra del movimiento objetor”

Jaime Urcelay. Foto: Carmen Benavides.

Contento por la actual situación del movimiento objetor a Educación para la Ciudadanía (EpC) y esperanzado por las últimas sentencias judiciales de Castilla y León que eximen a los alumnos de cursar la polémica materia, el presidente de Profesionales por la Ética, Jaime Urcelay, espera con interés la reunión que les ha prometido el ministro de Educación. Le propondrán una EpC ‘a la europea’ en la que no quepa el adoctrinamiento moral, para poner fin a un conflicto que, el curso pasado, se saldó con 1.000 niños fuera de las aulas.

– Parece que después de tres años de lucha, por fin van a poder hablar con el ministro de Educación

– El movimiento objetor vive un momento esperanzador por distintas razones, una de ellas, precisamente, porque por primera vez el ministro de Educación ha dicho, literalmente, que el tema de la objeción de los padres a EpC es muy importante y que está dispuesto a buscar una solución a partir del diálogo.

-Entonces, ¿habrá reunión?

-Por ahora no hemos tenido más noticias; estamos pendientes de que se convoque a las plataformas de padres objetores porque entendemos que se va a cumplir ese compromiso.

-¿Cuál será su propuesta para poner fin al conflicto?

– Parece que el ministro pone como única condición que se acepte que EpC es una asignatura obligatoria. Partiendo de esa base y teniendo en cuanta que el movimiento objetor nunca ha cuestionado que exista una asignatura como Educación para la Ciudadanía, sino el enfoque, los contenidos y los criterios de evaluación que la materia tiene en España y que nos parecen inaceptables, nuestra propuesta será que se revisen las enseñanzas mínimas.

-¿Cómo?

-Repasando los reales decretos por los que se establece el currículum obligatorio para quitar todos aquellos elementos que puedan dar lugar al adoctrinamiento moral y dejar exclusivamente los referidos a conocimientos de la Constitución y del sistema democrático y al estudio de las declaraciones de Derechos Humanos.

-Eso, en la práctica, ¿cómo se conseguiría? ¿Se trata de eliminar algunos puntos del programa de la asignatura?

-La revisión del currículo exige algo más que tachar palabras o frases. Supone en primer lugar, aceptar que los criterios de evaluación no pueden medir ni valorar comportamientos o actitudes sino solamente conocimientos.

-¿Y en segundo lugar?

-Descartar de los objetivos de la asignatura lo referido a la construcción de la conciencia moral de los alumnos y, desde luego, eliminar cualquier pretensión de imponer concepciones morales relativistas o que supongan la aceptación obligatoria de la ideología de género.

-¿Hay margen de negociación con el Ministerio, o es ésta la única solución que aceptarían?

– Como es lógico damos una oportunidad al diálogo y nuestra disposición es totalmente abierta al ofrecimiento del Ministerio.

-O sea, que hay margen

-Estamos dispuestos a escuchar cualquier alternativa de negociación que salvaguarde el objetivo de los padres, que no es otro que asegurar que se respeta la garantía constitucional de la libertad de educación. Así que cualquier fórmula que sea respetuosa con este principio nos parece que sería aceptable.

-Pero habrá algo que sea innegociable

-Sí: que la formación de la conciencia moral de los alumnos corresponde primordialmente -lo cual no quiere decir en exclusiva- a las familias.

– ¿Qué harán si no llegan a un acuerdo con el Ministerio?

-Seguir en la misma línea que hasta ahora y utilizar todos los medios legítimos a nuestro alcance -incluida la objeción de conciencia- hasta conseguir la plena garantía de los derechos de los padres.

-Los defensores de EpC les acusan de querer tumbar una asignatura que enseña diálogo, igualdad y respeto

-Sí; se ha querido presentar una imagen siniestra del movimiento objetor, como si los padres nos opusiéramos a una educación en los valores que hacen posible la convivencia, como son el respeto de todos, el diálogo como vía de solución de los conflictos o la solidaridad.

Y ustedes, de siniestro, más bien poco, ¿no?

-Cualquiera que se haya molestado en conocer de cerca a las familias que están sosteniendo el movimiento objetor habrá podido confirmar que, en la inmensa mayoría de los casos, se trata de familias muy comprometidas con la educación de sus hijos y que en buena medida son modélicas en la trasmisión de los valores a los que he hecho referencia.

-¿Y eso no es educar para la ciudadanía?

-El problema de esta asignatura es que, con el pretexto de educar en unos valores que todos deseamos, se imponen determinadas visiones de la vida que no necesariamente tenemos por qué compartir.

-¿Cómo por ejemplo?

– Por ejemplo lo que ocurre con relación a la condición homosexual de las personas. Nosotros, como padres, defendemos y proponemos a nuestros hijos que se respete a cualquier persona al margen de su condición sexual.

-¿Pero?

– No aceptamos que se les enseñe que el ejercicio de la homosexualidad es una opción sobre la que no cabe un juicio ético o que afirmar que el matrimonio debe darse entre un varón y una mujer suponga discriminación para los homosexuales y lo que es más grave…

-¿Qué?

– Ser tachado de homófobo por ello.

Entrevista publicada en el Semanario ALba, 30 de octubre de 2009.