La mujer, por su propia naturaleza, tiende hacia los demás y encuentra su realización y su felicidad cuando vuelca ésa, su esencia femenina, en una entrega gener2009-05-14 16-57-58_0027osa, valiente y consciente de sí misma empapando con su femineidad y su fortaleza moral una sociedad que reconoce en ella el pilar que la sostiene.

Sólo la mujer es capaz de mirar a los ojos leyendo los corazones, acogiéndolos y comprendiéndolos, y actuar entonces directamente desde su propio corazón con una frescura, una naturalidad y una espontaneidad que son privilegio exclusivo de su sexo. Sólo la mujer es capaz de entender e interpretar la realidad y las personas mirándolas desde dentro hacia fuera.

La sociedad tiene una inmensa deuda con la mujer en quien encuentra un apoyo insustituible y el engranaje indispensable para ser una sociedad digna del ser humano y debe asegurarle la libertad plena para elegir el ámbito en el que quiere desarrollar su esencia femenina, ya sea en su familia y en su casa, un puesto de trabajo remunerado o el servicio desinteresado al bien común.

Es tarea imprescindible de la sociedad el garantizar, respetar y valorar la libertad de la mujer que elige qué sociedad quiere construir, la de hoy, a través del trabajo remunerado, o la de mañana, formando y educando minuto a minuto a sus hijos, los futuros miembros de esa sociedad, sin que sea, en ningún caso, considerada una ciudadana de segunda categoría.

El respeto a esa libertad, a esa decisión libre de cada mujer es crucial para que pueda realizarse plenamente. El respeto social a la libertad de elección de la mujer es, por tanto, la piedra angular de la no discriminación y la igualdad.

Pero la función educadora propia de las familias, y muy en particular de las madres que no trabajan fuera de casa, la quieren algunas ideologías para sí, quieren apropiarse el privilegio de formar, a su manera y para sus intereses, esa sociedad de mañana y no dudan entonces de manera muy consciente, en arrancarle a la mujer su esencia y vender un falso feminismo que la anula y priva a la sociedad de los brazos que la sostienen.

La mujer es pieza clave en el desarrollo de una sociedad más humana, más comprometida, solidaria y justa. Sin la esencia femenina esa sociedad, sencillamente, no es posible.

Un verdadero feminismo debe respetar, comprender y potenciar esa esencia. Avancemos, pues, hacia un feminismo nuevo, pleno y consciente.

Leonor Tamayo