¿Qué podemos esperar en un futuro y cómo defender el derecho a educar a nuestros hijos?

(Concluye con este artículo la serie sobre El nuevo adoctrinamiento a menores en las aulas que ha tenido dos entregas anteriores que pueden descargarse aquí y aquí.)

Teniendo en cuenta que las legislaciones que imponen la obligatoriedad de estos temas han sido propuestas y elaboradas por colectivos defensores de la ideología de género (colectivos feministas y lobbies homosexualistas), es fácil imaginar el enfoque de estos talleres que, en breve, veremos desarrollados exhaustivamente, como ha sucedido con los «planes de igualdad» donde se regulan hasta los ocios de los menores a fin de que no sean sexistas.

En el caso de la Ley Aído, su implantación suponía la visita de médicos y enfermeras a los colegios para hablarles de «sexo seguro» pero, por diversos motivos (dificultades en la ejecución, recurso de inconstitucionalidad, llegada del PP anunciando una nueva ley…), se había congelado su cumplimiento tal y como se especificaba. Ahora que ya no se va a derogar, las brigadillas de enfermeras y médicos armados con preservativos y penes de colores vuelve, cual nubarrón, al panorama educativo.

En todos esto planes por el bien de nuestros hijos, también queda al margen el grado de desarrollo individual de cada menor, puesto que se establecen unas edades biológicas como óptimas para recibir esa información sin valorar su evolución mental y física y la idoneidad de tales informaciones respecto a su madurez. Aunque de momento no hay temarios fijos, en el caso de primaria e infantil, la «normalización» de las relaciones sexuales, la homosexualidad, la diversidad sexual y los tipos de familia vienen a través de cuentos desde el propio profesorado que es ideologizado para ello en cursillos obligatorios que las propias leyes contemplan.

La forma de ejercer el derecho a la educación de nuestros hijos ha de hacerse a través de varios pasos:

  • Preguntar en la dirección del centro qué talleres tienen planificados, o ya concertados, durante el curso. Y pedir información general sobre ellos.
  • Presentar el PIN PARENTAL hablando con la dirección del centro, explicando que la última palabra en la educación de los hijos la tenemos los padres. (El PIN PARENTAL puede descargarse aquí).

Lo normal, salvo en caso de equipos directivos muy ideologizados, es que se tenga presente la solicitud, aunque sólo sea porque no conocen las consecuencias últimas del incumplimiento en caso de denuncia ante las instancias educativas.

En caso de incumplimiento, dirigir una queja a Inspección Educativa con copia a la Consejería y al Defensor del Menor.

Desgraciadamente, en algunos casos los resultados de esta queja no van a depender de los derechos que amparan constitucionalmente a los padres, sino de cuestiones políticas e ideológicas al margen de todo ello. Sin embargo, en otros casos los resultados han sido positivos.

En la Comunidad de Madrid, por ejemplo, las quejas reiteradas por parte de los padres a raíz de repartos de preservativos y otros abusos, llevaron a la Consejería de Educación a recomendar a los centros dar información previa a los padres sobre los talleres con temas controvertidos.

Lo idóneo sería que la información sobre talleres y cursos ajenos a la formación académica, llegara a los padres de forma automática y con datos referentes al tema y el enfoque del mismo, de igual manera que se informa de una salida al museo. Y ese debe ser nuestro objetivo.

Se avecinan tiempos difíciles. Sólo ejerciendo sin complejos nuestros derechos podemos esperar que nos los respeten.

 Alicia V. Rubio Calle