Informan los medios del caos y la violencia desatada que asola a Egipto tras el desmantelamiento de las acampadas de protesta de los seguidores del derrocado Morsi. El Gobierno ha decretado el estado de emergencia y los muertos superan los 600.

Los partidarios de los Hermanos Musulmanes, según el Ministerio del Interior, han incendiado siete iglesias cristianas, Y es que como suele ocurrir en estos conflictos, al final los cristianos de cualquier confesión pagan el pato. Tienen las mismas obligaciones que el resto de los ciudadanos pero no poseen los mismos derechos:  sufren frecuentes restricciones (cuando no directamente violaciones) de la libertad religiosa. Y en los conflictos políticos y sociales se llevan la peor parte, inermes ante la ira de los radicales, poco amigos de la acción armada y firmes en su fe. Ciertamente, tanto el Gobierno egipcio  como la Unión Europea han condenado los ataques pero de poco sirve.

Los actos de violencia contra los cristianos no son coyunturales; forman parte de un plan sistemático para acabar con ellos de raíz en áreas que radicales de diferentes religiones consideran de su exclusividad. ¿Cuándo se tomará en serio la comunidad internacional este verdadero genocidio que no cesa? Al menos, los ciudadanos debemos reclamarle a nuestros gobiernos y también a las empresas (inversores, operadores turísticos) el boicot sistemático a los países que no garanticen la libertad de los cristianos. Sin olvidar la exigencia de reciprocidad reclamando que al menos se garanticen a las minorías religiosas los mismos derechos que disfrutan en la mayoría de los países occidentales.

Teresa García-Noblejas

Imagen de EFE publicada por ABC.