Resulta llamativo que un abad francés, Gaston Courtois, pueda dar consejos para que los responsables de los diferentes ámbitos sociales, políticos y económicos puedan ejercer su misión. En el fondo, el arte de dirigir, que es el título original del libro (El arte de dirigir, Gaston Courtois) habla sobre organización y dirección de personas para un proyecto  y en eso parece que el religioso francés nos puede enseñar algo, como demuestran las entradas que le hemos ido dedicando en este blog.

Nos quedamos hace unos días en 3 cualidades del dirigente, que se unían a las 5 anteriores. Nos quedan ahora bastantes pero comentaremos otras 4 cualidades:

  • Espíritu de previsión. « El jefe», nos dice Courtois, «no puede trabajar solo al día». Por el contrario, el dirigente debe prever las consecuencias de sus decisiones e incluso las contingencias, de por sí imprevisibles. Aquí cita el autor ejemplos muy valorados por él, concretamente Napoleón (a quien nadie puede negar su capacidad directiva), quien afirmaba que «vivo adelantado en dos años y tengo previsto lo que pueda ocurrir». La información, el análisis y la reflexión son claves para cultivar el espíritu de previsión.
  • Conocimiento de los hombres.  «El ideal para el jefe», asegura Courtois, «es colocar a cada uno en su puesto». Y eso exige conocimiento profundo de cada persona, de sus limitaciones y talentos. Todos conocemos ejemplos de personas responsables de determinadas tareas, proyectos y equipos que no estaban preparadas o dotadas para ese puesto. Esta cualidad del dirigente implica, además, que, toda persona tiene talentos y su aprovechamiento depende en buena medida de un buen jefe.  Para este último, toda persona tiene un  valor en sí misma y esto debe reflejarse en las oportunidades de crecimiento personal y desarrollo que  el jefe le proporciona.
  • Benevolencia de espíritu.  Esta cualidad del dirigente hace referencia a la humanización de las relaciones; son pequeños detalles, una actitud que contribuya a crear atmósfera de colaboración y confianza. Se traduce en educación, interés verdadero por la persona y sus problemas, afabilidad en las formas. No se trata de fingir ni de ser paternalista sino de tener un verdadero aprecio por las personas, sus alegrías y dificultades. Naturalmente, sin entrometerse en su vida privada. Esta actitud de un jefe refleja una dimensión fuertemente personalista del liderazgo.
  • Bondad de corazón. Más de uno se burlará si afirmamos que la bondad es una cualidad del jefe. Naturalmente, esta afirmación no tiene cabida en un sistema utilitarista que únicamente busca el beneficio a corto plazo utilizando a las personas como medios. «Es un error el creer que la indulgencia y la delicadeza están vedadas a la autoridad». Y es que las personas, los equipos humanos, no son máquinas ni tornillos sino hombres y mujeres con sentimientos. Para Courtois, la imposición de la autoridad por la fuerza nos convierte en esclavos; por el contrario, el mutuo aprecio entre jefes y subordinados garantiza proyectos comunes.

Teresa García-Noblejas

PD: Pueden leerse entradas anteriores sobre este tema en:

  •  El sacerdote que enseña a dirigir grupos y personas

http://wp.me/p2BQx7-3ZJ

  • El arte de gobernar (I)

http://wp.me/p2BQx7-41h

  • El arte de gobernar (II)

http://wp.me/p2BQx7-5dN