Con más retraso del que me hubiera gustado traigo a este blog la segunda entrega de la síntesis de El arte de dirigir del sacerdote francés Gaston Courtois. Se refiera al capítulo de las cualidades del jefe, que como ya hemos explicado puede traducirse por directivo, dirigente, líder, gobernante… es decir cualquier persona que asume una responsabilidad sobre otros en cualquier ámbito social y nivel de gobierno.

Courtois establece nada menos que 17 cualidades de un jefe; en esta entrada nos referiremos a las 5 primeras:

  1. Fe en la misión.  El jefe que no tiene fe en la causa a que sirve no merece el nombre de jefe. Empero, no basta creer, es necesario hacer partícipes de su fe y entusiasmo. No se hace bien más que lo que se hace con pasión. El que trabaja simplemente para ganar dinero y el que no siente la pasión del oficio, jamás será hombre de valía, menos aún de jefe. Courtois es especialmente duro con los dirigentes que manifiestan escepticismo o pesimismo y se refiere a la timidez como un defecto para ejercer el gobierno.
  2. Sentido de la autoridad. El jefe ha de tener concepto elevado de su misión de jefe. En cualquier grado que esté puesto representa la autoridad; tiene obligación de hacerla respetar en su persona. Haciendo respetar la autoridad, el jefe sirve a la colectividad humana a cuyo frente está puesto. Critica el autor al clásico jefe bonachón que teme ejercer la autoridad o se excede en la camaradería; también previene del dirigente que no conoce la realidad del grupo que tiene a su cargo y no puede por tanto prevenir injusticias y problemas; así se dirige Courtois al que manda: Vaya a las trincheras, si es general; llegúese a la fábrica con los obreros, si es patrón; el mandar nunca es un privilegio, es una carga.
  3. Espíritu de decisión e iniciativa. Lo que revela al jefe es la iniciativa y el valor de las responsabilidades. La capacidad de decisión es una cualidad específica del mando. Si el jefe está desprovisto de ella se paraliza el negocio; y si, por el contrario, la toman sus colaboradores, tenemos la anarquía. Naturalmente, el directivo indeciso, indolente, comodón y rutinario o voluble merece las críticas de Courtois como inepto para ejercer una responsabilidad sobre otros.
  4. Espíritu de disciplina. La mayor parte de los jefes tienen que obedecer a otros superiores tanto como mandar a los inferiores. A los que están por debajo de ellos débenles el ejemplo de respeto y obediencia a sus propios superiores. La disciplina no apunta a matar la personalidad, sino a regular y coordinar los esfuerzos. El sacerdote francés se muestra especialmente crítico con los jefes que critican a sus superiores delante de sus subordinados, un vicio que mata cualquier organización.
  5. Energía realizadora.  Esta cualidad podría traducirse por capacidad ejecutiva, es decir de llevar a la práctica las decisiones adoptadas. El jefe no ha de contentarse con tomar una decisión; la decisión tiene que «encarnarse en la realidad». Las dificultades se presentan para ser vencidas. Para un jefe las dificultades no son barreras que le detienen, sino trampolines que le dan ocasión de excederse al obligarle a sobrepujarlas. En definitiva, Courtois traduce a las funciones de gobierno virtudes clásicas como la voluntad, la tenacidad y la perseverancia.

Teresa García-Noblejas