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Madrid, 20 de julio de 2009. Ante las perversas violaciones de niñas llevadas a cabo por adultos y niños que han tenido lugar en los últimos días en Córdoba y Huelva, el ministro de Educación, Ángel Gabilondo, ha manifestado una lógica preocupación. Gabilondo ha afirmado, entre otras cosas, que «educación y sociedad van de la mano, por lo que tenemos que interiorizar seriamente qué escala de valores, convicciones y modelo de sociedad tenemos y qué valores estamos transmitiendo». Además, el ministro pidió «reflexionar a fondo» sobre lo que ocurre en «una sociedad donde menores de edad tienen tan dislocados los valores como para hacer esos atropellos».

Ante estas declaraciones, Fabián Fernández de Alarcón, secretario general de Profesionales por la Ética, ha expresado su acuerdo con las palabras del ministro. «Compartimos con Gabilondo su preocupación por la educación y la transmisión de valores».

En este contexto, Profesionales por la Ética tiene dos preguntas para el ministro Gabilondo:

  1. ¿Considera Vd. que el multimedia de Educación para la Ciudadanía Sexpresan (ver imágenes 1 y 2) que recomienda la web del Ministerio de Educación y que incita a la iniciación sexual de adolescentes de 12 años es lo más adecuado para la formación de los jóvenes?
  2. ¿Qué le parece que el manual de Educación para la Ciudadanía de 3º de ESO de la editorial McGrawHill (recurrido ante los tribunales por una familia andaluza) afirme en su página 41 que la mayor parte de las llamadas «perversiones sexuales» carecen de sentido, pues, en último término, no serán sino diferentes formas de conducta?

«En todo caso», concluye Fernández de Alarcón, «estos terribles sucesos tienen múltiples causas pero la fundamental es el relativismo moral, la ausencia de referencias de lo que es el bien y de lo que es el mal y la carencia de límites, especialmente en las relaciones sexuales. Es un entorno educativo que no ofrece modelos de fidelidad, compromiso y desarrollo integral de la persona; por el contrario, se prima la cultura del deseo por encima de todo, algo que deshumaniza y acaba convirtiendo a los jóvenes en depredadores. Es hora de que los que defienden este proyecto educativo (muy evidente en las asignaturas de Educación para la Ciudadanía) hagan una autocrítica seria y permitan que todos nos impliquemos en formar personas sin intromisiones ideológicas».