La corrupción, los fraudes y los abusos de poder están, lamentablemente, a la orden del día. Como respuesta se vuelve la mirada a la necesidad de la ética en las organizaciones o a la responsabilidad social de la empresa. Pero muchos siguen viendo la ética sólo como lo opuesto a la corrupción o como unas reglas que señalan los mínimos a evitar.

Es indiscutible que semejante planteamiento «es ya mucho», pero reducir la ética a unos mínimos, a cumplir unas normas de transparencia o un código ético de conducta, supone despreciar lo más genuino y valioso de la ética: su orientación a la excelencia humana.

Así argumenta Domènec Melé, Profesor de Ética Empresarial del IESE, en un completo artículo que publica el último núemro de la Revista de Antiguos Alumnos de dicha escuela de negocios y que lleva por título «La necesidad de la ética en la dirección: siete razones de peso».

Para Melé la ética es intrínseca a la acción directiva en cuanto acción humana y necesaria para una buena dirección. «Desde esa perspectiva, afirma, el carácter moral o las virtudes de las personas, que se generan al actuar de acuerdo con los valores éticos, es central, aunque una ética completa incluye también principios y normas, y la consideración del bienhumano como referencia fundamental para determinar auténticos valores».

A partir de esas premisas las siete «razones de peso» que muestran la necesidad de la ética para una buena dirección y que el Profesor Melé desarrolla de manera magistral en su artículo son las siguientes:

1. Las acciones directivas son acciones humanas y como tales, si son libres y conscientes, implican responsabilidad personal.

2. Toda decisión directiva entraña moralidad por cuanto afecta a las personas a las que sirve o afecta dicha decisión, empezando por el propio decisor.

3. En toda práctica directiva subyace un ethos con implicaciones éticas, o dicho de otra manera, implican alguna noción del hombre, de empresa y de sociedad.

4. Las culturas empresariales incluyen destacados elementos éticos al expresar convicciones y valores compartidos en una organización, las virtudes de quienes la forman y las prácticas habituales que se llevan a cabo.

5. Un continuado comportamiento ético genera confianza y buena reputación. La confianza es un factor imprescindible para iniciar y proseguir negocios.

6. El carácter moral de los directivos afecta a su desempeño. Un carácter moral realmente virtuoso lleva a ser responsable en los propios cometidos y cumplidor en su trabajo, prudente y justo en sus decisiones y leal en los compromisos asumidos.

7. Las competencias morales enraizadas en las virtudes favorecen el liderazgo, entendido como proceso de influir en otros y lograr su seguimiento para el logro de objetivos comunes.

Para descargar en pdf el artículo completo del Profesor Domènec Melé, pinchar aquí.