Recientemente se ha celebrado en Barcelona el XVIII Simposio de Ética, Empresas y Sociedad, organizado por la Cátedra de Ética Empresarial y de los Negocios del IESE y dedicado al tema Ética en la contabilidad, las finanzas y la banca: hacia una integración más completa.

La reunión, que ha congregado durante dos días a expertos y estudiosos de todo el mundo, ha profundizado en la necesidad de un rearme ético de la banca, la transparencia en la contabilidad y la inversión responsable.

El profesor Domènec Melé, titular de la mencionada Cátedra, dedicó en su muy recomendable blog Ética Empresarial una una suerte de decálogo introductorio al tema del Simposio que, por su actualidad e interés, reproducimos seguidamente:

DIEZ RECOMENDACIONES PARA EL REARME MORAL DE LA BANCA

Prof. Domènec Melé

Director del simposio y titular de la Cátedra de Ética Empresarial y de los Negocios

La imagen de los bancos está deteriorada. Es urgente que la mejoren y recuperen confianza. Será bueno para ellos y para la sociedad. Es verdad que algunos bancos, más que otros, han contribuido a rebajar la reputación ética que muchos ciudadanos tienen hoy de las instituciones financieras. Además, no toda la responsabilidad de lo que ha ocurrido es de la banca, pero la lista de prácticas éticamente cuestionables que se atribuyen a los bancos o, más concretamente, a algunos de sus altos directivos es muy significativa.

He aquí algunos ejemplos: engaño en la colocación de acciones preferentes, titularización y venta de productos financieros con activos “tóxicos” ocultos, hipotecas con cláusulas abusivas, remuneraciones, blindajes y pensiones millonarias a altos directivos de dudosa legitimidad, contribución a crear la burbuja inmobiliaria con créditos más codiciosos que prudentes, operaciones excesivamente arriesgadas, ejecución de hipotecas con escasa sensibilidad social para encontrar alternativas, poca implicación bancaria para facilitar crédito a empresas viables, complicidad en colocar activos en paraísos fiscales, incompetencia profesional de consejeros (caso de no pocas cajas de ahorro). En algunos casos, incluso manipulación de datos a gran escala, como el escándalo del LIBOR.

Muchos se preguntan por qué las legislaciones de los diferentes países no han podido evitar estas malas prácticas. Me parece que, al menos, hay dos razones. La primera responde al conocido refrán, “hecha la ley, hecha la trampa”. Cuando no hay voluntad ética es posible encontrar recovecos para burlar la ley. La segunda es que la vida es más rica que las normas. Primero ocurren los escándalos y luego viene la ley. Es, pues, necesario algo más que un conjunto de reglas para controlar el comportamiento de las personas y de las instituciones: hace falta sensibilidad y voluntad ética.

Se impone un rearme moral en la banca, pero, ¿cómo? Hay situaciones complejas que sería simplista querer resolver sin mayores profundizaciones. Con todo, pueden darse algunas recomendaciones básicas y de fácil comprensión, que pueden ayudar a ese necesario rearme moral. Algunas de ellas están ya tipificados por la ley, otras no, pero en todo caso, la moralidad no se queda en la letra de la ley sino en la justicia que la justifica. Esas son las recomendaciones que proponemos:

  1. Crear una cultura empresarial de responsabilidad, de modo que el elemento central  no sea la mentalidad de maximizar beneficios a toda costa, sino la función ético-social de la banca con razonables beneficios económicos y sociales. Los bancos cumplen su función social moviendo con prudencia el capital que los ahorradores depositan y facilitando el crédito que familias y empresas necesitan para crecer, generar empleo y, en consecuencia, riqueza. Con los riesgos y malas prácticas que han asumido bancos e instituciones financieras, han dejado de cumplir esta función, necesaria para el desarrollo económico de la sociedad. Es justamente esta función social lo que justifica el rescate bancario. Puede parecer impopular, pero la caída del sistema financiero habría tenido efectos devastadores no sólo sobre unas entidades concretas, sino sobre toda la actividad económica con riesgo de parálisis para el conjunto de la sociedad.
  2. Actuar con transparencia, explicitando información relevante, incluso más allá de la legalidad. El efecto de la titularización de activos tóxicos, así como la colocación de acciones preferentes con información deficiente ha sido devastador, y conviene aprender la lección. Ni la titularización de hipotecas ni mala existencia de acciones preferentes son intrínsecamente malas, pero hay que explicarlo bien y no ofrecerlo a quien puede tener muchas dificultades para entenderlo.
  3. Administrar fondos con prudencia y transparencia. Hay bancos que han quebrado por imprudencia o negligencia en la administración de fondos, con frecuencia, acompañada de opacidad. La banca vio en el sector inmobiliario, por ejemplo, un enorme filón en el que se manejaban grandes volúmenes y es ahí, en el volumen, donde obtiene rentabilidad. Pero el dinero disponible no es sólo de consejo de administración, que con frecuencia sólo son propietarios de un pequeño porcentaje. Hay cientos de miles de pequeños accionistas y ahorradores que se han visto perjudicados.
  4. Otorgar créditos con sentido de responsabilidad ético-social, considerando la actividad a la que van destinados y el valor social de la misma. Rentabilidad y solvencia no agotan la responsabilidad en la gestión de un banco. Hay también una responsabilidad ética y social, que considera la contribución del crédito en la generación de empleo y la creación de riqueza en condiciones éticas. En sentido inverso, la responsabilidad al otorgar créditos exige negarlos si van destinados a actividades y sectores faltos de ética (por ejemplo, industrias que no cumplan con derechos humanos básicos, o que no eviten la contaminación, o que se dediquen a la pornografía).
  5. No utilizar de situación de poder abusando de las necesidades de otros. Poder puede ser tener más información o mayor poderío negociador. Imponer cláusulas abusivas en hipotecas o abusar de la ignorancia de un ahorrador son algunas de las situaciones de abuso de poder que pueden darse en la banca.
  6. Evitar incentivos o presiones perversas para decisiones de inversión. Los clientes a menudo  reciben asesoramiento de los empleados de la banca a los que pueden acudir por la confianza que les merecen. Una política corporativa impulsada desde la alta dirección del banco que presione a estos empleados, sin ninguna cautela, puede llevarles a colocar productos financieros sin ofrecer información completa y clara a los clientes, o sin recomendarles lo más conveniente a su perfil inversor. Es cierto que muchos de estos empleados no son asesores de inversión, pero pueden ser tenidos como tales por algunos clientes ahorradores no muy versados en finanzas, sobre todo si dan recomendaciones. Hay que evitar situaciones de abuso de la confianza depositada en ellos.
  7. Actuar con imaginación moral y sensibilidad social. La imaginación moral lleva a buscar soluciones creativas éticamente mejores que las usuales. ¿Por qué ha faltado –y es una de las críticas más feroces que reciben los bancos– sensibilidad social ante los problemas de devolución de las hipotecas y los consiguientes desahucios? ¿No es posible en muchos casos la dación en pago? La falta de agilidad en la resolución de un problema que afecta directamente a las necesidades básicas de miles de familias indica  falta de sensibilidad social. Seguramente que no estaba en el protocolo o que se suponía que no era problema del banco, pero el problema estaba allí y, en muchos casos, puede haber sobrado rigidez y haber faltado imaginación o capacidad de reacción por parte de las entidades financieras.
  8. No cooperar a malos comportamientos ajenos. Esto incluye desde la colaboración en blanquear dinero a la ayuda técnica para realizar evasión fiscal fraudulenta a paraísos fiscales. Es conocido que en los paraísos fiscales el dinero no está sujeto a impuestos, o son muy bajos y, además, se cuenta con el secreto bancario, Los bancos no deben ser cómplices de malas actuaciones de sus clientes, aunque sean importantes.
  9. Actuar con sentido de buena ciudadanía. Implica que el banco ha de actuar y ser visto como un actor social, que no se despreocupa de los problemas de la sociedad, aunque no estén directamente incluidas en su misión. Muchos bancos dedicar parte de sus beneficios en actuaciones sociales, muchas de las cuales difícilmente se cubrirían. Naturalmente esto no puede servir para encubrir mala prácticas, pero debe ser alabado.  Estas actuaciones no sólo es un modo de devolver a la sociedad parte de lo que le ha ayudado a ganar, más allá de los impuestos. Es también un modo de que el banco actúe con sentido comunitario, lo cual, además, suele ser valorado por la ciudadanía.
  10. Asegurar el cumplimiento pero apuntar a la integridad. Tener códigos de conducta bien establecidos y aplicados y otros medios de auto-regulación puede ayudar, pero hay que apuntar a una mentalidad compartida de integridad, más allá del cumplimiento. Con esto se podrían evitar actitudes de “cumplo” y “miento”; literalmente cumplo con la norma pero sin verdadera integridad moral. 

Desde las escuelas de dirección como el IESE, queremos ayudar a las empresas, también a los bancos, a trabajar bien –con profesionalidad y sentido ético–, a prestar un buen servicio en noble competición y, como consecuencia, que sean rentables y contribuyan al progreso y a la humanización de la sociedad. Pero, alguien se preguntará: ¿es ésto posible? ¿Cómo se puede compatibilizar ser competitivo y ético al mismo tiempo? Es un reto que exige imaginación y esfuerzo, pero la honradez y la integridad, junto con la consiguiente confianza, son también importantes elementos competitivos.

http://blog.iese.edu/eticaempresarial/2014/06/25/diez-recomendaciones-para-el-rearme-moral-de-la-banca/