El pasado viernes la Presidente de Profesionales por la Ética, Leonor Tamayo, y el Secretario de la entidad, Francisco Navarro, asistieron en Madrid a la recepción con motivo de la despedida de la Embajadora de Hungría en España, Enikö Györi.

Györi, doctora en Relaciones Internacionales y master en Economía, fue nombrada embajadora en España en el año 2014. Anteriormente desempeñaba el cargo de Secretaria de Estado para la Unión Europea del gobierno húngaro. Ha sido también embajadora en Roma y eurodiputada en el periodo 2009-2010, entre otras importantes responsabilidades diplomáticas, políticas y académicas.

En las elecciones europeas del pasado 26 de mayo resultó elegida nuevamente diputada por el partido FIDESZ – Unión Cívica Húngara.

«Una mujer extraordinaria»

Según ha expresado la Presidente de Profesionales por la Ética, «fue una recepción con sabor a fiesta entre viejos amigos de batalla… curtidos en muchas lides. Unos que están de retirada -diputados y senadores con los que hemos forjado una amistad sincera- y otros que llegan apostando fuerte por una España y una Europa con valores».

«Enikö Györi -concluía Tamayo- es una mujer extraordinaria, con la que a partir de ahora podremos contar en el Parlamento Europeo. Su discurso de despedida, profundamente humano y personal, llegó a emocionarnos por su sencillez y sinceridad. En nombre de Profesionales por la Ética, no puedo más que expresarla públicamente nuestro agradecimiento por la amistad, la confianza y el trabajo bien hecho».

Reproducimos a continuación el texto íntegro del emotivo discurso de Enikö Györi, cuya lectura da buena idea de su talla humana.

RECEPCIÓN DE DESPEDIDA

Discurso de la Embajadora de Hungría, Enikő Győri
27.06.2019

Doy la bienvenida y las gracias a todo el mundo que nos honra esta noche con su presencia, a pesar de las altas temperaturas. Permítanme que comience mi discurso con dos actos ceremoniales, personalmente importantes para mí. Quisiera invitar a dos personas muy especiales para nosotros, Eva Benatar y José Luis Orella a que suban a la terraza.

Con la primera de estas ceremonias quisiera saldar una deuda histórica.

Sabéis muy bien que mi mandato como embajadora concluye el día 1 de julio. Estoy muy feliz de que mi último acto vaya a servir para saldar una antigua deuda en nombre de mi país. Una de las personas a las que más me complace haber conocido es Eva Benatar, a quien varios de los presentes apreciamos muy sinceramente. En 1944, cuando los nazis ocuparon Hungría, un valiente diplomático español, Ángel Sanz Briz, el «Ángel de Budapest», salvó la vida de más de cinco mil personas en las casas protegidas de la representación diplomática española. Esto significa mucho más de cinco mil vidas, si tenemos en cuenta a sus descendientes. Una de ellas fue nuestra querida Eva, quien de hecho nació en uno de estos edificios protegidos. Después de la II Guerra Mundial, Eva ha tenido una vida llena de aventuras hasta que finalmente llegó a vivir en Madrid donde se ha convertido en un personaje destacado de la comunidad judía y ha sido un gran apoyo para mí durante mi mandato. Ella nació siendo húngara. En su caso, no fue ella la que dejó su país sino su país le dejó a ella y es una vergüenza que haya tenido que sufrir años viviendo como apátrida. Gracias a España pudo encontrar un nuevo hogar. Su nacionalidad original nunca la abandonó, pero nunca pudo demostrar su existencia. Es por ello que hoy tenemos el honor de subsanar esa deuda histórica en el nombre de mi país y entregarle su DNI húngaro. Gracias por haber preservado siempre tu identidad, querida Eva, y gracias por no haber dejado nunca de sentirte húngara.

Bien, el siguiente acto pretende reconocer una excepcional obra humana:
El profesor José Luis Orella es un gran conocedor, un verdadero devoto de Europa Central. Su corazón español, que también late fuertemente por Polonia, siempre nos ha reservado un hueco bastante grande para Hungría. Lleva años investigando la historia de los países de nuestra región, entre ellos la húngara, y como fruto de ello, han visto la luz varias publicaciones que han hecho conocer aún más a Europa Central, una región que a primera vista queda lejos de España, pero que nos unen muchos vínculos. Además de todo lo anterior, el profesor Orella ha sido un fiel colaborador de esta Embajada en organizar eventos de índole histórico, como por ejemplo la conferencia con ocasión del 60° aniversario de la Revolución húngara de 1956 o la conferencia sobre el Embajador Real húngaro, Ferenc Marosy, que contó con la participación de su Majestad Simeon II, Rey de los Búlgaros, a quien lamentablemente un imprevisto de última hora no le ha permitido acompañarnos esta noche y del Archiduque Jorge de Habsburgo.

Por todo lo que antecede, tengo el gran honor de entregar la Cruz de Caballero del Orden del Mérito de Hungría que otorga el Presidente de la República de Hungría a Don José Luis Orella, en reconocimiento a su excelente labor científica, sus diversas publicaciones de investigación y difusión de la historia política moderna de Europa Central y de Hungría, así como por sus actividades llevadas a cabo con el fin de ofrecer una imagen realista de Hungría en el extranjero.

Después de esto, lo suyo sería ofrecer un resumen de mis cinco años, durante los cuales tuve el honor de representar a mi país en España. En una ocasión así, lo normal sería enumerar los mayores logros profesionales, las visitas más importantes, ofrecer datos sobre el flujo económico bilateral, entrada y salida de turistas…etc.

Con vuestro permiso, no lo voy a hacer, no solo por este calor insoportable, ni porque procedo de un país al que le gusta salir de lo corriente, sino porque en el momento de la despedida pienso que vale más la pena centrarse en las cosas personales. Cuando un diplomático viaja, también le suele acompañar su familia, cosa que puede salir de muchas maneras. En mi caso personal esto incumbía a un niño, de quien hoy ya podemos decir que ha pasado casi la mitad de su vida en España. Mi sincero agradecimiento a sus compañeros de clase, a sus padres, a los compañeros de fútbol, a los profes y entrenadores que le han acogido en un abrir y cerrar de ojos, incluso sin poder comunicarse oralmente con él al inicio. Porque vosotros, mis queridos amigos españoles, tenéis una benevolencia y actitud positiva innata que hace que las dificultades iniciales de un extranjero en este país resulten ser más amenas. Y así me ocurrió que ahora tengo un hijo muy español, que habla sin acento y que se ha convertido en un madridista acérrimo. Sin embargo, mi hija mayor cursó sus estudios en un prestigioso instituto extranjero por el idioma, pero ella, al contrario que mi hijo, no estuvo tan a gusto durante cuatro años. A día de hoy, que ya no tiene que ir a clases y es una universitaria súper satisfecha en Budapest, siempre viene encantada a Madrid. También tengo que mencionar, que llegué aquí con un marido que en circunstancias normales no soporta el calor, pero a pesar de esto, hizo conmigo el Camino de Santiago en los fines de semana del verano y ha sido mi fiel compañero en la promoción de los vinos y la gastronomía húngara en España. Asimismo, estoy muy agradecida al Club Deportivo de Orientación de Colmenar Viejo por su rápida respuesta a la hora de realizar unas investigaciones por Internet, permitiéndonos de este modo que toda nuestra familia pudiera seguir el deporte que siempre hicimos en casa. Porque las carreras de orientación también existen aquí, aunque el 95% de los españoles ni lo conozca.

Todos estos son pequeños detalles personales, pero son las cosas que los cuatro llevaremos con nosotros, de manera indeleble. Y nos vamos conscientes de que tenemos que volver. No solo porque aún nos faltan por ver 13 de los 47 monumentos y sitios del patrimonio de la humanidad que se encuentran en España, sino también porque no quisiéramos separarnos de los amigos, de los lugares y de los recuerdos de nuestra vivencia. Porque España se ha convertido en parte de nuestras vidas. A través de mis hijos, he podido sumergirme en vuestro día a día, y así, integrarme un poco en la sociedad española, que para un diplomático es todo un lujo. Porque yo también he tenido que obligar a mi hijo cansado a hacer sus deberes por las noches y aguantar sus reproches, he sufrido los atascos de la M30 y el estrés de última hora por encontrar solo una espinillera antes de un partido de fútbol y no me da pena en absoluto conocer mejor los bosques y canchas de fútbol que rodean Madrid que sus restaurantes y bares.

Queridos amigos, estos cinco años fueron una gran aventura. Gracias a todos vosotros, a los aquí presentes, por haber sido mis socios o de vez en cuando incluso mis cómplices durante este tiempo, en el que hemos realizado, a mi parecer, grandes cosas. Pienso que hemos llevado a cabo un sinfín de programas variados, en diversas áreas y quizás no sea demasiado decir, que hemos creado lazos duraderos y valores verdaderos. Tal vez por ello, la imagen actual de Hungría en España también sea más fiel a la realidad en estos tiempos turbulentos y el país en sí sea más conocido en varios aspectos que antes.

Para terminar, agradezco de corazón a mi equipo, a todos y cada uno de los colaboradores de esta Embajada por haber podido contar con ellos en esta labor y que me hayan aguantado el ritmo elevado. Me siento verdaderamente afortunada por haber tenido el honor de trabajar con personas que aman tanto a su propio país y a la vez quieren a España. Estoy convencida de que sin estas dos cosas hubiera sido imposible llevar a cabo un trabajo que genere valores.

Queridos Amigos, he aprendido en el Camino de Santiago que siempre hay que seguir caminando, aunque sepamos que solo existe un único camino, porque «Él es el Camino, la Verdad y la Vida». Yo, por mi parte seguiré mi camino en el Parlamento Europeo a partir de la semana que viene. Y vosotros podéis estar seguros de que, a parte de los 54 diputados españoles, también habrá allí una diputada más que ama a España, este gran país y gran nación de la que tenéis que estar muy orgullosos.

Invito a probar las delicias de la casa – vinos estrictamente húngaros y la creación de nuestro chef, János.

Gracias a Andrea y a Scott por la música en vivo.

¡Que disfrutéis de esta fiesta! ¡Hasta pronto!