Belalp 086

Derechos sexuales y reproductivos, salud sexual y reproductiva, empoderamiento de las mujeres, educar en la perspectiva de género, desmontar los roles de género, como los de esposa y madre, educar para la autonomía sexual, sexo seguro, modelos de familia son, entre otros muchos, los lemas que desde hace ya 15 años (Conferencias mundiales de El Cairo y Pekin) vienen proclamando la progresía mundial para argumentar la estrategia en la que el propio Zapatero se ha alineado de manera entusiasta. Todos los términos están tomados de documentos de dichas conferencias y varios de la nueva Ley de Salud Sexual y Reproductiva e Interrupción Voluntaria del Embarazo (conocida como Ley del Aborto).

Los ingentes fondos y recursos, privados y públicos, de los organismos internacionales, grandes fundaciones americanas, y en nuestro caso del Estado español (administraciones central y autonómica, principalmente, y por gobiernos de distinto color) hacen que la lucha de los miles de ciudadanos, en su inmensa mayoría padres y madres preocupados, parezca estéril. Su objetivo, una nueva sociedad, un nuevo orden de ciudadanos para los que todo vale, para los que los viejos valores no sean más que una cáscara vacía si se compara con el horizonte de placeres que nos ofrece el sexo libre y autónomo. La libertad nos hace verdaderos, reiteraba Zapatero en su reciente desayuno americano de oración, invirtiendo la máxima evangélica.

Voy a contarles un caso que me toca muy cerca. Sucedió en la Comunidad de Madrid, en la ciudad de Las Rozas (ambas gobernadas por el Partido Popular), en un centro religioso concertado, en el que estudian cuatro de mis hijos. Hace unas semanas, siguiendo el Plan de Educación para la Salud que generosamente ofreció el propio Ayuntamiento en septiembre a los centros de enseñanza de su término municipal, un grupo de personas hizo acto de presencia en el Centro. Conforme al encargo recibido del Ayuntamiento y a la aceptación genérica del centro (que fue engañado, eso le salva parcialmente), estos individuos montaron una mesa en el recreo de 1º y 3º de ESO, y se pusieron a repartir, alegremente (gaymente, dirían algunos) los folletos patrocinados y subvencionados por la Comunidad de Madrid): uno sobre el sida, y otro titulado Entre hombres, entre mujeres: hablando de sexo seguro. No dejen de entrar en los enlaces, por favor. Como verán, ambos documentos en la web de Publicaciones de Salud de la Comunidad de Madrid. Estremecedor, más aún si pensamos en niños – ¡niños, por Dios!- de 11 a 13 años, jugando en el patio del colegio y sin conocimiento de sus padres. Por si no logran abrirlo, hablan a los niños de penetración anal, vaginal, sexo oral, masturbación a dos, lluvia dorada, beso negro, penetración con mano o puño, juguetes sexuales, experimentación sexual, sin distinción alguna ni bajo criterio moral alguno. Impidiendo a los niños formarse otro juicio crítico que no dependa de lo que te dé más placer y lo que te resulte más fácil. El daño ejercido puede ser infinito, y mido la palabra.

Gracias a Dios, y creo que a nadie más, antes de que los efectos deseados por estos indeseables se cumplieran, alguien comprobó los contenidos de dichos documentos (alguien que debió hacerlo antes de dar su aprobación, y por supuesto antes de que entraran en el centro, y que debió denunciarlo al Ayuntamiento) y procedió a la expulsión de los individuos. Pero muchos folletos llegaron a manos de los niños, y de ellos a algunos de sus padres, que me lo contaron a mí, alarmados. Pero, ¿y aquellos que no se lo contaron a sus padres, por otra parte la mayoría?

¿Y de aquellos niños que están siendo bombardeados por estos documentos, y por otras sesiones informativas en centros públicos y privados, y con imágenes que destruyen su inocencia, y que no se lo cuentan a sus padres aunque sea por mera vergüenza? ¿Y de aquellos niños – miles, incluso creo que cientos de miles- cuyo único referente de educación sexual en la escuela es «que tú lo quieras», «que sea con condón», y «que te mole»? ¿Y de aquellos cientos de miles de niños a los que se les propone «el aborto como salida para cuando otros medios fallen, porque nadie puede obligarte a lo que tú no quieres»?

¿Cuánto tiempo más vamos a seguir soportando esto? ¿Cuántas almas más tienen que ser emponzoñadas con la podredumbre del sexo barato, con el señuelo del placer inmediato que esconde en realidad la tristeza de usar y ser usado? ¿Cuántas vidas tienen que ser frustradas en toda posibilidad de amar de verdad y para siempre? ¿Qué narices tiene que pasar para que reaccionemos?

No estoy hablando en términos jurídicos, sino humanos. ¿Y qué conferencia mundial o estrategia nacional de salud sexual va a decir alguna vez que el primer derecho de mis hijos después del de la vida es el seguir siendo niños? ¿Quién va defender su derecho a la inocencia? ¿Y su derecho a ser vírgenes hasta el matrimonio sin soportar presiones brutales del grupo y de la sociedad? ¿Y su derecho a ser educados en el amor de sus padres? ¿Quién coño va a hacerlo sino yo?

Pocas causas me parecen más justas que la de recuperar para la vida a esos niños soldados de África, secuestrados y obligados a matar, violar y torturar para sus nuevos amos. Bien, pues poco dista ésa brutal esclavitud del daño al que estos nuevos amos del mundo acabarán sometiendo a nuestros hijos y a los de muchos otros, si no les frenamos. Entre matar y violar a otros, y matarse y violarse uno mismo, sólo es cuestión de número. No lo permitamos.

Fabián Fernández de Alarcón