Al hilo del estreno del documental 1980, otra obra maestra del vasco Iñaki Arteta, que tiene en su haber un verdadero serial de obras sobre el terrorismo etarra y su sangrienta trayectoria, leo en El País este titular: Iñaki Arteta vuelve a abrir la caja de los recuerdos de las víctimas de ETA, no puedo dejar de pensar en el evidente pacto de los sucesivos gobiernos españoles con esta organización terrorista.

Hoy mismo se ha confirmado que el sanguinario Santi Potros quedará en libertad inmediata. Y a él, aplicando la misma doctrina judicial, le seguirán otros. Como sucedió con Inés del Río y los beneficiados por la doctrina Parot.

Pero más allá de los trucos y trampas para poner a etarras en la calle, lo cierto es que los proetarras gobiernan en buena parte del País Vasco, los presos se liberan poco a poco y ETA no se ha disuelto ni sus miembros han mostrado signo alguno de arrepentimiento.

Sabemos lo que ha costado el rescate bancario, la crisis, el déficit de las comunidades autónomas. Pero nadie nos ha dicho, con luz y taquígrafos, qué se ha entregado a ETA a cambio de su aparente cese de acciones terroristas.

O quizá se oculta porque resulta evidente que hemos perdido la dignidad. Y eso no se cuantifica.

Teresa García-Noblejas