Hace mucho tiempo que no aparecen noticias sobre las personas que se suicidan. Nos dieron la razonable explicación de que airear este tipo de situaciones creaba una inercia de imitadores que, como era lógico, había que evitar para que no se dieran más desgracias.

En las estadísticas oficiales del INE aparece en los últimos años una media de más de 3.000 personas que acaban con su propia vida (aproximadamente más de tres cuartas partes son varones) sin que nada se nos diga sobre el asunto, sus causas y razones… y sin que tampoco sepamos si se está haciendo algo ante una mortandad que multiplica exponencialmente la muerte de 60 mujeres de media al año asesinadas por sus parejas. Muertes para cuya erradicación nos gastamos anualmente,  y sin resultado ninguno, millones de euros. Exactamente 24.006.427.578 reconocidos en Europa desde España como gasto en campañas y otras acciones directas contra la violencia de género, pero mucho más en todos los entramados clientelares y de género que hay establecidos y es incuantificable por pertenecer a otros presupuestos.

Nada se sabe, en cambio, sobre las muertes de suicidas, ni sobre si se hace algo, pero comprendemos la ocultación por ese terrible comportamiento imitativo que pude surgir de estas acciones.

Sin embargo, hay algo que me sorprende con esto de los comportamientos imitativos y la prensa: los asesinatos de mujeres a manos de sus parejas masculinas son aireados, repetidos y seguidos en secuelas informativas posteriores sin temor a un comportamiento imitativo por parte de todos esos malvados, machistas y violentos, que andan sueltos por el suelo patrio.

No lo entiendo. Si fuera malpensada diría que se pretende el comportamiento imitatorio. No lo soy. No me cabe la menor duda de que el esfuerzo por reducir en número de  mujeres asesinadas por parte de los medios y los colectivos que se lucran en esta lucha es innegable e inquebrantable. ¿Podría alguien darme una sola razón para el diferente tratamiento en los medios?

Nada se dice de los suicidas que, en las últimas cifras publicadas del 2013 se han incrementado por tercer año consecutivo y han alcanzado la terrible cifra de 3.870 muertos, 2911 hombres y 959 mujeres. Hablamos de más de 10 muertos al día de los que no sabemos causa, ni las razones de un incremento del 22% desde 2010 (700 dramas humanos más que merecen un estudio serio) ni de la razón del porcentaje tan superior de hombres frente a mujeres. En la ocultación para evitar imitadores también se oculta el porcentaje de hombres que terminan con su vida en medio de procesos de divorcio en los que la legislación les perjudica, les discrimina y les quita casa, salario, hijos y dignidad con falsas acusaciones que los estigmatizan de por vida. Por eso algunos se la quitan. Me pregunto la razón de dejar de señalar el estado civil del suicidado tras promulgar la injusta y terrible LIVG. Supongo que es una casualidad. También es casualidad que no se haga nada por reducir esas cifras y por evitar alguno de esos lamentables casos. Estoy segura de que un estudio sobre las causas, llevaría a sacar conclusiones y a tomar medidas que los redujeran. Pero seguro que hay quien me dice que sobre los suicidios no hay solución y que además existe ese terrible efecto imitatorio.

El silencio denso sobre los suicidios… menos sobre uno de ellos. Nada se dice de los suicidas, salvo de uno. Un muchacho “trans” (transexual) se acaba de suicidar por el bulliyng al que presuntamente era sometido pese a que el centro educativo hacía seguimiento del tema y, por lo que se explica, estaba asistido y defendido.

Sin embargo, en este caso el suicidio ha tenido la resonancia y el estudio de causas que se niega a esos miles de suicidas que no son “trans”, al margen del temor a comportamientos imitatorios de otros muchachos en la misma situación. De ninguna manera se me ocurriría pensar que se buscan nuevos casos de suicidios, de víctimas de una sociedad injusta con los transexuales para justificar legislaciones inmorales con los derechos de la ciudadanía apoyados en un par de casos dramáticos suficientemente aireados en una población de 46.000.000 de personas.

No, jamás insinuaría que el airear unos casos y ocultar otros fuera para tal cosa… sin embargo, ¿puede alguien explicarme la razón del diferente tratamiento?

Cuando alguien me explique por qué se airean unos casos, que son mínimos pero que dan dinero en subvenciones y legislaciones con privilegios, sin miedo a los imitadores y por qué se ocultan miles de casos que no dan dinero en subvenciones y legislaciones con privilegios por miedo a los imitadores dejaré de preguntarme si es que hay muertes que interesa fomentar porque valen dinero y gentuza dispuesta a cogerlo. Y muertes que no interesan y que, a veces, surgen de ese mismo dinero regado con sangre.

Dedicado a J.A.V.S. y a C.M.V. y a todos los “invisibles” que se han suicidado por causa de la LIVG (Ley Integral de Violencia de Género).

Alicia V. Rubio Calle
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NTR, Periodismo crítico