Hace apenas dos días le atizaba al PP en este mismo blog por criticar la crisis institucional sin que ellos mismos fueran capaces de revisar el interior de su partido y los errores cometidos, por ejemplo, contribuyendo a la lamentable politización de la justicia. Los votantes del PP están hartos del PP. Pero ¿y los del PSOE? Ni están ni se les espera.

Tal como está concebida la democracia española, es un requisito imprescindible la existencia de dos partidos políticos fuertes; hasta ahora ha sido así pero es evidente que las cosas pueden cambiar. Y quizá deban hacerlo. El problema es que el partido que ha agrupado al centro izquierda consiguiendo históricas mayorías absolutas en los últimos 30 años está a la deriva. Tener como líder a Rubalcaba ya es una muestra del estado en el que se encuentra esta formación política; su perfil no es que sea bajo: es que es subterráneo. No solo por la falta de carisma (que no deja de ser un don) sino por su tradicional mirada mezquina de la realidad. Negado para las políticas de altura y los grandes acuerdos de Estado, reúne en su persona lo peor del felipismo y del zapaterismo. Mezquindad, crítica mordaz, zancadilla y conspiración en la sombra. Ni una propuesta de alcance, ni un proyecto de futuro, ni una apuesta seria por formar a los que en el futuro deberán liderar su partido. Y sin el encanto infantiloide e irresponsable del zapaterismo ni la verborrea de Felipe.

El PSOE no necesita enemigos; sus dirigentes se bastan y sobran para acabar con el centenario partido. Lo malo es quién recogerá los pedazos, que pueden ser más zafios y sectarios. Sin descartar las opciones populistas de izquierda que ya van aflorando. Pero eso merece otro comentario.

Teresa García-Noblejas