Por su interés, reproducimos un artículo publicado en www.padreobjetor.com

De un tiempo a esta parte, algunos visitantes del blog critican con mayor o menor educación la presunta postura de los padres objetores ante la homosexualidad. Y digo presunta porque entre las decenas de entradas escritas en este blog ninguna -que yo recuerde- hace referencia explícita a la homosexualidad. Simplemente porque mi oposición a las asignaturas de Educación para la Ciudadanía es, fundamentalmente, una reacción al intento del Estado por limitar la primacía de los padres para educar moralmente a nuestros hijos. No es tanto una cuestión de contenidos morales como una cuestión de libertad (Es que la oposición a Educación para la Ciudadanía es una cuestión de libertad, 10 (falsos) Tópicos sobre Educación para la Ciudadanía (3)).

La oposición que muchos padres planteamos a la EpC es una oposición a la intromisión del Estado en la esfera de la autonomía individual y familiar. Es, antes que nada, un recorte de libertades. Queremos mantener la libertad -consagrada por la Constitución- para educar moralmente a nuestros hijos como creamos más adecuado para que sean hombres felices y ciudadanos de provecho. Claro que precisamos del apoyo de la escuela, de otras instituciones sociales y hasta del Estado, pero como un apoyo subsidiario a nuestra iniciativa paterna, no como una injerencia que pretenda explícitamente sustituir nuestro papel como orientadores morales de nuestros hijos.

Llegados a este punto, el lector se preguntará con razón “¿y qué tiene que ver todo esto con la homosexualidad?”. Pues confieso que yo me hago la misma pregunta. Pero es evidente que el lobby gay está empeñado en asimilar a quienes defendemos una libertad usurpada con un clan de homófobos. La gota que ha colmado mi vaso y me ha llevado a escribir esta entrada ha llegado esta mañana en forma de pregunta en el “Tablón del visitante” escrita por Isabel:

Padres Objetores: ¿qué haréis si mañana vuestros hijos os confiesan que son homosexuales? ¿pensaréis que habéis fallado como padres o asumiréis, por fin, una realidad sin prejuzgarla?

Y yo me pregunto ¿qué haría usted llegado el caso? ¿es que los padres objetores somos de una naturaleza distinta? Pero voy a procurar contestarle:

1. imagino que, si alguno de mis hijos tuviera tendencias homosexuales, no necesitaría “confesármelo”, sino que el trato habitual con él iría desvelando la situación, del mismo modo como un padre nota si su hija adolescente está enamorada o pasando por un desengaño, pongo por ejemplo. A los hijos, si existe cariño y, por tanto, trato habitual, no se les conoce a base de “confesiones” sino del roce diario.

2. tener, en mayor o menor medida, tendencias homosexuales o bisexuales es algo excepcional, pero ciertamente puede estar determinado genética u hormonalmente. En este sentido me atrevo a afirmar que es algo natural, si bien excepcional. Esta tendencia inicial se modifica o se refuerza a causa de las influencias psíquicas y sociales. Y aquí es donde comienza la intervención de la libre voluntad de la persona. Ante estas tendencias, un hijo mío puede procurar rechazarlas o minimizarlas porque le causan desasosiego o infelicidad y, entonces, le brindaré mi ayuda recurriendo, si fuera necesario, a algún experto. Otra posibilidad es que asuma su tendencia homosexual y la adopte libremente como su condición sexual. En este segundo caso, procuraría hacerle ver que esa postura difícilmente iba a procurarle un desarrollo personal capaz de alcanzar la felicidad. Pero, evidentemente, respetaría su libertad, porque los padres no somos propietarios de los hijos. Tenemos el deber moral de orientarles para que sean felices, a pesar de nuestras carencias y equivocaciones.

3. esta argumentación contesta a su segunda pregunta. Tener un hijo con tendencias homosexuales no es ningún fracaso, en la medida en que puede ser algo natural. Y es, como en tantas ocasiones, propio de unos buenos padres asumir todas las situaciones vitales de sus hijos, sea su orientación sexual o, pongo por caso, su situación laboral. Lo que sí sería un fracaso como padres es no procurar dotarle de la formación y el ejemplo necesarios para que desarrolle una vida feliz, sea homosexual, heterosexual o mediopensionista.

En definitiva, Isabel, los padres objetores procuramos -como la mayoría- asumir y querer a nuestros hijos como son. Con sus tendencias, caracteres, virtudes y defectos.

Y ya metidos en harina y escuchadas las acusaciones de los homosexuales militantes, quisiera denunciar algunas contradicciones e injusticias que, a mi juicio, cometen en su enfrentamiento contra los padres objetores:

  • reivindican para ellos un respeto, reconocimiento y libertad que niegan a los padres objetores.
  • no sólo pretenden un reconocimiento de su dignidad y derechos -que los tienen reconocidos- sino que pretenden IMPONER a los demás sus puntos de vista. Quieren una sociedad donde ellos puedan “salir del armario” para meternos a los demás en él.

Imagino que estas reflexiones -criticables, como todas- no satisfarán a los activistas homosexuales, pero espero que algunos lectores menos apasionados adviertan que los padres objetores -y en este caso hablo exclusivamente por mí- no estamos “en contra de los homosexuales” sino que son las redes gay quienes, desde el principio, han hecho causa común con el gobierno para enfrentarse a este movimiento de padres que no reclaman otra cosa que el restablecimiento de sus derechos.