Ya hemos dado cuenta en esta misma página de la celebración en París el pasado domingo de la Marcha por la Vida 2015, que congregó a más de 45.000 personas para reivindicar la protección del más básico de los derechos humanos: el derecho de todos a la vida, desde la concepción hasta la muerte natural (Ver: Marchas multitudinarias en EE.UU y Francia: una nueva generación impulsa la cultura de la vida).

Ofrecemos hoy la traducción al castellano de dos de los discursos pronunciados al final de la referida Marcha: el impresinante testimonio de Amaury de Vivies -padre de dos niños con trisomía 14- y la intervención de la Presidente de Marche Pour la Vie, Cécile Edel.

DISCURSO DE AMAURY DE VIVIES

Hace 20 años que vine por primera vez a la «Marcha por la Vida». Para defender la vida. Sobre todo, pensando en los demás. Hace 15 años, me casé con mi esposa, Dorothy, para lo bueno y para lo malo. Pero más que nada pensando en lo más bueno. Por supuesto que no estoy aquí para hablaros de una desgracia, sino simplemente para mostrar cómo si acaso en la vida no siempre sale todo según lo planeado, eso puede llevarnos sin embargo a otro tipo de fecundidad.

Después de haber tenido cinco hijos que nacieron sin problemas, en junio de 2011, nos dijeron que el niño que esperábamos padecía la trisomía 14. El diagnóstico era que sólo viviría unos pocos minutos después de nacer. O sea, nueve meses de embarazo y unos pocos minutos de vida. Lo primero que te ocurre es que todo el mundo se te derrumba. Sabemos que puede pasar, pero no que le pueda pasar a uno.

Acudes a Internet y (¡por supuesto!) ves que es algo horrible. No hay ganas ni siquiera de empezar una jornada de trabajo, ni de hacer nada. No es una pesadilla, sino un callejón sin salida. Además, en un mundo de normas, de reglamentos, de lo útil y de lo rentable, todo esto no se admite. «La interrupción de una vida, que de todos modos quedará interrumpida casi casi en el nacimiento mismo, no es realmente interrumpir, es tan sólo adelantar un hecho natural» se le susurra a usted al oído. Y le prestas oídos a tal cosa porque llevas ya una semana en ese callejón sin salida encajando golpes.

Y les escuchas, hasta que llega el momento en el que te dices a ti mismo que tú has querido a este niño y que ahora él está ahí. Es cierto que no es en absoluto tal y como lo habías pensado, que nunca hará grandes estudios, que nunca será grande y fuerte. Pero siempre estará ahí y como padre lo habrás de acompañar y no le abandonarás por el hecho de que esté enfermo. Y te sentirás orgulloso y feliz por ello toda tu vida. Así es como se acaba con esa perplejidad y se empieza a avanzar paso a paso, día a día.

Esto ocurrió en junio de 2011 y Emmanuel falleció en septiembre de 2011. La cosa volvió a empezar en 2012 y Gabriel falleció en diciembre de 2012. Entonces, un día, yendo por los caminos de la Provenza a principios de julio de 2013, Dorothée y yo decidimos ayudar a todos los que han tenido esta desgracia creando Thanks-4-Life. Nuestro objetivo es ayudar a los padres que han de afrontar la detección de una enfermedad que llevará a su bebé a una vida corta o inviable, diciéndoles que este bebé, incluso si no puede vivir nada más que unas horas, está sin embargo ahí. No se trata de remplazar a los equipos médicos, sino tan sólo de apoyar a las familias mediante palabras de padres que pasaron por el mismo calvario.

Pienso por último en esa frase del profesor Jean Bernard que todos conocéis: «Dar vida a los días cuando ya no se pueden dar días de vida». Por todo ello, concluyo dirigiéndome a todos los niños que dentro del útero de sus madres están hoy presentes en esta plaza, niños –que sin duda los habrá- que puede que vayan a tener una vida igualmente corta; a ellos les digo: ¡Sí, habéis sido queridos!

¡Bienvenidos!
Os abrazamos!
Os queremos
Gracias

DISCURSO DE CÉCILE EDEL, PRESIDENTE DE ON MARCHE POUR LA VIE

Queridos amigos,

Hace 40 años que se promulgó una ley, una ley que habría de provocar en nuestra sociedad una perturbación ética sin precedentes.

Hace 40 años se dio entrada en nuestras leyes nada menos que al permiso para matar. La ley de 17 de enero del 75, llamada Ley Veil, vino, de hecho, a establecer la autorización para eliminar, en total impunidad, al más frágil al más inocente de entre nosotros: el niño por nacer.

Esta Ley Veil, que provocó, recordémoslo, 9 millones de pequeñas víctimas, sin contar los terribles sufrimientos y las violencias infligidas a las mujeres que abortan, esta ley, es una verdadera caja de Pandora que lleva hoy a las consecuencias que todos conocemos, incluida la deriva eutanásica que amenaza hoy a Francia.

Si ayer, con la ley del aborto, se instauró una licencia para matar, con el pretexto de una falsa libertad de las mujeres, mañana, con la eutanasia, estará permitido matar al amparo de una falsa caridad.

Yo sé, ustedes saben, que hay actos de caridad, de amor, que hacen que sacrifiquemos nuestra propia vida en favor de una persona o de una causa más grande que nosotros; no conozco ninguna caridad que nos haga sacrificar a otro por oscuras razones.

Queridos amigos, durante 40 años, ha habido hombres y mujeres que han rechazado estos abusos, que han rechazado estas leyes que matan, estas leyes que dan a entender que no toda vida merece ser vivida. Y hoy quiero rendir homenaje a todos los que han luchado y siguen luchando sin descanso para ser la voz de los sin voz.

Mantuvieron encendida la antorcha de la resistencia en favor de la vida y sin ellos, ni yo ni vosotros estaríamos aquí.

Hace 10 años, esta Marcha por la Vida nació gracias a estos precursores; es el resultado de una determinación inquebrantable, de un constantemente renovado abandono en manos de la Providencia, de una perseverancia en la lucha contra el aborto y de una confianza absoluta que invita a la esperanza. Esta Marcha por la Vida es el símbolo de la constancia y de una verdadera resistencia.

Queridos amigos, acabamos de hacer una marcha de una hora y media a través de París para dar prueba de una convicción sencilla, profunda y universal: la vida humana, toda vida humana, cada vida humana, es sagrada.
Respetar la vida del ser humano y su dignidad obliga a considerar todas las etapas de la vida, desde la concepción hasta el último momento de la vida en la tierra. Respetar la vida del ser humano exige rechazar el derecho a la muerte, y proclamar el derecho a la vida.

Como Presidente de la Marcha por la Vida y en nombre de todos los que han organizado esta marcha, quiero darles especialmente las gracias por la confianza que han depositado en ellos, habiendo respondido a su llamada en tan gran número y viniendo a veces desde tan lejos.

Gracias por haberos hechos masivamente presentes en esta excepcional cita de todos aquellos defensores de la vida que se niegan al cambio de civilización al que nuestro país se encamina.

Gracias por ser la voz de los sin voz, la voz de todos los que no verán la luz, la voz de Vicente Lambert, cuya vida está pendiente de la apreciación de unos jueces.

Gracias por mantener encendida la llama durante 10 años para pedir la derogación de la ley del aborto y su sustitución por las leyes a favor de la vida.

¡Os habéis levantado hoy, y os pido que os mantengáis en pie!

Manteneos en pie para trabajar, dondequiera que estéis, por medio de la fuerza de vuestro testimonio, por la participación en los distintos movimientos y por el rechazo de todo compromiso. Porque para el respeto a la vida no puede haber excepciones en nombre de una pseudo-libertad o de una falsa caridad.

La vida está por encima de las leyes, y la ley tiene que servir a la vida.

40 años de lucha contra la cultura de la muerte es una lucha larga y dura, pero créanme, no nos daremos por vencidos, no vamos a renunciar, no haremos traición sino que vamos a ganar, lo vamos a lograr!

(En la imagen, Cécile Edel. Foto: Marche Pour la Vie)