A través de la Agencia Aci he tenido noticia de un hecho insólito: una mujer se ha casado con ella mísma. Ha ocurrido en Dakota del Norte (Estados Unidos).

La noticia es algo grotesca, por lo que en una primera lectura se presta a la broma. Pero el hecho tiene un mensaje de fondo en el que merece la pena pararse a reflexionar.

Si el matrimonio deja de ser una institución diferencial cuya identidad viene definida por la  unión de un varón y una mujer, prácticamente cualquier realidad afectiva podrá  ya reconocerse como  “matrimonio” ¿Por qué no? Los límites los pondrán  solamente la imaginación y el tiempo, como esta excéntrica mujer de  Dakota del Norte ha puesto de manifiesto.

Con toda razón se ha dicho que, al prescindirse del componente biológico del matrimonio,  la institución pasa de entenderse como un vínculo de relevancia social a enfocarse como una desvinculada vía de emancipación individual. Y el resultado de semejante artificio no es otro que la desprotección jurídica de los bienes que secularmente ha amparado el matrimonio, de los cuales el más obvio es el derecho de los niños a crecer con la natural referencia de un padre y una madre.

Jaime Urcelay