Estimado señor Millás:

Ha caído en mis manos, de forma casual, un artículo suyo publicado en El País el viernes 24 de Mayo, que me veo en la obligación de responder siguiendo los consejos de ese Dios que usted define como «sin autoestima»: enseñar al que no sabe.

La primera premisa que ha de seguir para hacer un buen diagnóstico es conocer el problema y, en este caso, está usted tan ayuno de conocimiento que voy a intentar explicarle unas cuantas cosas.

Su breve artículo consta de dos partes: en la primera mezcla de tal manera los términos, las informaciones, la verdad y la invención, los personajes y las ideas, que me llevaría muchos folios explicarle un poco de historia, economía, doctrina de la Iglesia… En realidad es cultura general. Si no fuera porque le supongo una buena persona, creería que trata de manipular al lector mezclando reformas laborales con violadores, doctrina de la iglesia (que es obvio desconoce) con personajes históricos de muy variado pelaje.

Dejemos, pues, esa lamentable primera parte del artículo por simple falta de tiempo para aclararlo y vayamos al eje del asunto: explicarle qué es la asignatura de Religión, por qué millones de padres la queremos en los colegios y por qué es totalitario que, si usted no la quiere para sus hijos, trate de quitársela a los nuestros.

La asignatura de Religión no es para aprender canciones de misa: nunca lo ha sido. Si en su caso sucedió así, que me extraña, simplemente cayó en manos de un inhábil docente. Tampoco la religión pretende estar a la altura de Einstein ni de la Eneida. Simplemente son ámbitos diferentes. Pretende estar al nivel de una asignatura de valores, como podía ser Educación para la Ciudadanía.

Porque lo que usted ignora es que, en esa asignatura que usted confunde con Canto Coral, se imparte una cosmovisión y unos valores que aunque usted no comparte, compartimos una gran parte de la población española. Y esos valores son tan democráticos, legales y respetables como los que la discutida EpC trataba de imponer a todos los alumnos.

Y ahí está uno de las grandes diferencias: mientras EpC era impuesta por decreto a todos, la Religión Católica es opcional: sólo la eligen los padres y alumnos que quieren ser instruidos en esa concepción de la vida y la dignidad humana. No se impone a todos como usted erróneamente cree, seguramente influido por falsedades malintencionadas. Tampoco está impuesta por la Conferencia Episcopal: es que, aunque a usted no le conste, somos millones los padres y contribuyentes quienes exigimos que a nuestros hijos se les eduque según nuestras convicciones, no según las suyas. Ni según las del gobierno de turno.

Y, desde luego, a los alumnos cuyos padres no compartan esos valores, de ninguna manera permitiríamos que se les impusiera. Para eso está la optativa en valores. Los valores nunca están de más.

Por eso, quiero informarle que la asignatura de Religión la pedimos los padres para reforzar la educación en valores de nuestros hijos y, si cree que los valores no son evaluables, debió, en su momento mostrar su disconformidad con EpC. Una materia impuesta a todos de la que un compañero de mi hijo tuvo que preguntar a su tutora:

 Profe, para aprobar EpC qué tenemos que poner¿ lo que pensamos o lo que pone en el libro?

Con la Religión opcional no ha de suceder eso. La elegirán los padres e hijos que, en el ejercicio de su libertad y sus derechos, quieren educarse en esa concepción de la vida y la dignidad humana. Probablemente los casi ocho millones que marcan la casilla de la Iglesia Católica para que los impuestos vayan a sus fines sociales. Y todos sus hijos.

No creo necesario incidir en la importancia del conocimiento de la religión que desde hace 2000 años ha marcado profundamente, con sus luces y sus sombras, la historia, la literatura, las artes, la filosofía y la evolución de la ciencia en España y en Europa para comprender y estudiar estas disciplinas. Le supongo persona culta y conocedora de este dato.

Por todo ello, le ruego que revise sus palabras y que comprenda que la asignatura de Religión no compite con Einstein ni con Virgilio: los complementa, como cualquier educación en valores, y es voluntaria y optativa con lo que no presenta la carga de totalitarismo e imposición que supuso la EpC. Y no la imponen los curas, la pedimos los padres para quienes más queremos: nuestros hijos.

 Atentamente

Alicia V. Rubio Calle

 PD: Acerca de la «boutade» sobre la competencia entre Dios y Einstein usted y yo sabemos que es imposible, aunque los motivos para llegar a tal conclusión difieran. Por ello, no se preocupe por la autoestima de Dios. Le garantizo que es una preocupación sin fundamento. Y seguro que, si lo piensa, me da la razón.