Miren por donde la reunión de alcaldes de grandes ciudades convocado por la Pontificia Academia de las Ciencias y de las Ciencias Sociales ha sido conocida en España gracias a… la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena y su famosa frasecita que ha hecho las delicias de los periodistas y ha colocado la reunión vaticana en portada de los medios españoles. Como no creo que la Santa Sede haya diseñado con Carmena la estrategia de marketing, habrá que atribuir el hecho a la Divina Providencia. La realidad es que esta reunión que convocaba, entre otros, a alcaldes de las grandes ciudades del mundo, estaba destinada a ocupar un pequeño recuadro de la página izquierda de los medios generalistas y poco más, se ha difundido diríamos que urbi et orbe.

Los 50 alcaldes han firmado una declaración final en torno al tema Esclavitud moderna y cambio climático: el compromiso de las ciudades. Si nos atenemos a lo que cuenta Zenit, la referencia mediática católica más importante y fiable después de la página web de la Santa Sede, los alcaldes suscribieron el compromiso de poner fin al abuso, a la explotación, a la trata y a todo tipo de moderna esclavitud, incluidos los trabajos forzados y la prostitución, el tráfico de órganos y la esclavitud doméstica. Evidentemente, un buen compromiso. Otros asuntos son más discutibles, como la afirmación de que el cambio climático inducido por el hombre es una realidad científica y su control eficaz es un imperativo moral para la humanidad.

En torno al affaire Carmena se han realizado múltiples comentarios. Lamentablemente, el discurso del Papa a los alcaldes y miembros de la Pontificia Academia ha pasado más desapercibido, al menos en España. De esa intervención, siguiendo a Zenit, cabe reseñar que Francisco ha precisado que cuidar el ambiente significa tener una actitud de ecología humana. Al respecto, ha condenado nuevamente el trabajo esclavo y la prostitución como «fuente de trabajo para poder sobrevivir». Me satisface que el Papa recuerde que la ecología no es algo ajeno al ser humano sino que lo incluye. A mi modesto entender, las palabras del vicario de Cristo no se corresponden exactamente con alguna de las afirmaciones de la Declaración de alcaldes, como la de culpabilizar al ser humano del cambio climático.

Básicamente, la cuestión ecológica obliga a clarificar el papel de las personas. Si estamos en la versión radical de «el hombre es el problema» y debemos reducirlo a la mínima expresión hasta casi abolirlo con políticas como la reducción de la natalidad promoviendo al lagarto verde o al Gran Simio. O, en una versión más moderada, «determinadas actuaciones que dañan al medio ambiente son debidas a los seres humanos y deben corregirse». Esta última afirmaciones es indudablemente más realista y es con la que se identifica el pontífice argentino siguiendo la estela de San Juan Pablo II, el primer Papa que habló de ecología humana.

Por cierto, Carmena también ha hablado de la necesidad de educar en sexualidad a los jóvenes. Magnífico tema que exige otro artículo.

Teresa García-Noblejas