Me llamo Xxxxxx. Yo no pedí estar aquí. Otros eligieron por mí. Mis padres nunca me preguntaron si quería nacer. De hecho, mi madre siempre me dice que fui un fallo, un error. Sin embargo, ya que estoy en este mundo, creo que tengo derecho a buscar mi satisfacción, a ser feliz, a realizarme como persona, a dirigir mis pasos donde yo quiera.

A los trece años pensé que nadie debía manejar mi vida, sino yo. A los catorce me acosté con mi novio. Nadie tenía derecho a vetarme el disfrute de mi cuerpo. Después de dos alarmas con sus correspondientes PDD, mi madre, mujer liberal y separada, me invitó a tomar anticonceptivos de forma regular.

Varios novios después me quedé embarazada. Con 17 años no era plan estropear mi vida por un error y lo aborté. No sé si es que los anticonceptivos no funcionan bien o es que se me olvida tomar alguno, pero el caso es que he tenido que abortar otras dos veces. El ginecólogo me dijo que tuviera cuidado, que no iba a autorizar un cuarto aborto. No sé quien se cree que es ese fulano para meterse en mi vida pero, la verdad es que desde entonces, he puesto un poco más de atención para no preñarme. No quiero tener que buscarme la vida para quitarme al bicho, ni desde luego estropear mi futuro y quitarme libertad cargando con él. Tendré hijos cuando yo quiera, no cuando quieran nacer ellos.

He tenido muchas parejas. La mayoría de las rupturas han sido porque no me aceptan como soy. Yo les digo que «esto son lentejas», que no voy a cambiar por ellos. Uno me dijo que cambiar puede ser mejorar. Yo no necesito mejorar. Soy como soy. Y al que no le guste… puerta.

Ahora resulta que mi madre tiene cáncer y que no le dan ni un año de vida. Me queda un año de esclavitud para nada. Para que al final la diñe, y sufra yo, y sufra ella. A punto de llegar el verano y mis expectativas de vacaciones son, la habitación de un hospital, gente enferma que me da asco y mal rollo.

Si pudiera contactar con uno de esos médicos que comprenden la situación… y lo arreglara todo sin sufrimiento. Sobre todo que no sufra. Ella siempre ha dicho que en esta vida hay que buscar la felicidad y huir del sufrimiento. Para un año que le puede quedar… no creo que inventen nada nuevo en ese tiempo que le resuelva la papeleta. Las cosas, prontito mejor, que con el primer aborto, con aquello de pensármelo, las pase canutas. Casi como un parto, me dijeron.

Que aquí, el que no se espabila, se joroba la vida a la primera de cambio. Si no me ando lista, estoy ahora pringando con madre vieja enferma y churumbeles sacándome la sangre.

La felicidad hay que trabajársela. Y cuesta trabajo conseguirla.

Y con todo, a veces, por las tardes, lloro sin saber la razón. Lloro como si en esta vida plena, autónoma, libre, desinhibida de prejuicios antiguos y llena de derechos me faltara algo. Como si me faltaran cuerpos a los que abrazar con el alma. No, no es falta de algo, sino exceso. Como si me sobraran miles de caricias que nunca pude dar.

No te digo nada lo que hubiera sido esto si no ando lista y espabilada buscando mi felicidad.

Alicia V. Rubio Calle

PD:  Narrando la vida de una persona que conozco.