footprint_feet El otro día nos entrevistaron a mi marido y a mí en la radio, era sobre la crisis. Y entre el montón de simpleces que dije salió algo, no sé muy bien de dónde ni cómo, que creo que merece la pena mirar despacito por dentro. Y es que la crisis no ha conseguido hacer saborear a la sociedad la riqueza de la austeridad, ni valorar la inmensa libertad que da el no tener ni aspirar a tener. Estamos esperando a ver cuándo cambia esto para volver a esclavizarnos con hacer los viajes más sofisticados y tener el último modelo de zapatos, porque sin esos zapatos no podemos salir a la calle…

Porque la austeridad vivida no como un «qué remedio no me lo puedo pagar» sino como un «sólo quiero lo que necesito y lo demás me sobra» es una grandísima riqueza que ayuda a algo difícil en nuestra sociedad, a valorar las cosas en su justa medida y darle a cada cosa la importancia que tiene, a ser profundamente libres porque ni nos comparamos con los demás ni aspiramos a lo que no podemos tener ni dependemos de lo que tenemos, y, sobre todo, a mirar a las personas y a nuestra propia vida con ojos nuevos.

A muchos la crisis, o la crisis continua provocada por los muchos hijos y los pocos ingresos, nos ha llevado a ser austeros «a la fuerza» y lo importante es saber aprovechar esa «fuerza»  para que deje de serlo y entusiasmarte entonces con una austeridad de donde no sacas más que riqueza.

Leonor Tamayo