«Yo nunca me he imaginado dando un golpe de timón a la historia». Estas palabras del entonces cardenal Ratzinger, hoy Benedicto XVI, forman parte de La Sal de la tierra (1997), fruto de sus conversaciones con el periodista alemán Peter Seewald. Hoy, todavía conmocionados por el anuncio del fin de su pontificado, podemos afirmar, sin miedo a equivocarnos, que quizá no haya dado «un golpe de timón» pero ha conducido con firmeza y suavidad la barca de Pedro. Y en algunos aspectos, sí ha dejado una huella indeleble, por ejemplo, en sus catequesis, en sus tres encíclicas sobre la caridad, la esperanza y la verdad, en sus encuentros con los jóvenes (inolvidable la adoración al Santísimo en Cuatro Vientos), la manera de abordar problemas como los abusos sexuales por parte de sacerdotes (provocando la dimisión en cadena de los obispos que no estuvieron a la altura de las circunstancias y reuniéndose con las víctimas), en su pedagogía.

La primera referencia a un documento de Benedicto XVI en esta web corresponde a diciembre de 2006 y comentábamos el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz que llevaba por título La persona humana, corazón de la paz. Tuvimos ocasión de glosar más tarde la encíclica  Caritas in veritate, en la que el Papa definía magistralmente el concepto de «bien común» como el bien de todos nosotros, formado por individuos, familias y grupos intermedios que se unen en comunidad social.

En 2010 reproducíamos el discurso de Benedicto XVI a los miembros del Consejo Pontificio para los Laicos en el que reclamaba la necesidad de políticos auténticamente cristianos. Nos sumamos en junio de 2010 a la iniciativa Bienvenido Benedicto XVI  viajando a Barcelona  y recibiéndole; meditamos sobre sus palabras, que fueron un verdadero aldabonazo  y un torrente de gracia.

También hicimos referencia a algunos de sus discursos en Reino Unido, por ejemplo sobre la excelencia educativa y católicos en el foro público.  Recogimos su defensa de la libertad de educación,  sus profundas y sencillas reflexiones sobre la Navidad y su afirmación de la conciencia como clave para la construcción del bien común.

La JMJ de Madrid nos permitió seguir día a día las intervenciones del Papa: a las religiosas, a las autoridades, a los profesores universitarios, a los seminaristas, a los enfermos y discapacitados, a los jóvenes, nos despedimos y escuchamos sus últimos encargos.

El discurso al Cuerpo Diplomático de enero de 2012 mereció dos artículos (Las claves de lo que está pasando)  en nuestro blog. El viaje de Su Santidad a México y Cuba también mereció nuestra atención al igual que su vista a El Líbano. El año 2013 lo inauguramos con el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz que llevaba por título Bienaventurados los que trabajan por la paz.  Y el 6 de enero recordábamos la definición de los Reyes Magos hecha por el Papa: «predecesores de los buscadores de la verdad, propios de todos los tiempos».

Protagonista, pues, de estos inicios del milenio, Benedicto XVI ha anunciado ayer su renuncia; en medio de las especulaciones, los análisis y los juicios, los creyentes sabemos que Dios tiene la última palabra sobre la historia y proporcionará a su Iglesia un nuevo timonel para la barca, una roca firme en la que asentarnos. Entre tanto, Pedro sigue siendo hoy Benedicto XVI, de quien tomamos una frase para desconcertar a los poderosos y a los que ya hacen cábalas sobre la Iglesia como factor de poder y los pontífices como príncipes: «la elección de lo humilde caracteriza la historia de Dios con el ser humano». En abril de 2005 Benedicto XVI fue la elección de Dios.