Sociedad civil

Desde diferentes posiciones ideológicas se destaca hoy el agotamiento del sistema dominante de representación parlamentaria y sus limitaciones para el desarrollo de una democracia participativa

El fenómeno es también patente en el caso de España, en la que, en paralelo al descrédito de la clase política, están surgiendo interesantes corrientes de participación  ajenas a los partidos políticos. En este contexto, la clave de la democracia del futuro parece estar en la recuperación del protagonismo de la sociedad civil.

Sin embargo, la sociedad civil organizada topa con algunos obstáculos que frenan su capacidad para llegar hasta las últimas consecuencias en la defensa de los principios. Uno de ellos es la dependencia financiera respecto al poder político, del que sobran ejemplos cercanos. A él se refiere Ángel Fernández, del Instituto Juan de Mariana, en el comentario con el título «Sociedad civil estabulada» que reproducimos a continuación.

SOCIEDAD CIVIL ESTABULADA

Ángel Fernández

Instituto Juan de Mariana

 

Cuando la sociedad civil depende financieramente de las limosnas que entregan los presupuestos públicos, la democracia queda herida de muerte. Entonces, se puede afirmar sin tapujos que la sociedad permanece estabulada, ya que las organizaciones civiles se asemejan al ganado vacuno que dormita mansamente en el establo a la espera del pienso diario, bajo la guía y la explotación de los dueños de la granja.

Una sociedad civil estabulada se caracteriza por su comportamiento dócil, sin ejercer una crítica constructiva libre sobre la acción de los políticos, alimentada con fondos públicos para que nadie proteste ante situaciones de crisis económica con elevada presión fiscal, déficit presupuestario, excesivo endeudamiento o intervención monetaria o, peor,  ante crisis institucionales con continuos atropellos administrativos e imposición de leyes liberticidas.

Así, por ejemplo, los políticos se encargan de silenciar a los disidentes y de premiar a los acólitos cuando legislan leyes que atacan los derechos a la vida (artículo 15 CE), a la libertad (artículo 16 CE), a la igualdad ante la ley (artículo 14 CE) o a la propiedad privada (artículo 33 CE).

La independencia financiera es un elemento esencial en cualquier organización civil. Si sus actividades dependen de las prebendas de las autoridades, es imposible que desarrollen su trabajo con un mínimo de crítica sobre las leyes y actos administrativos que afectan al objeto social de su actividad.

Todos hemos observado en demasiadas ocasiones, como muchas asociaciones buscan medrar prebendas de las autoridades y, en múltiples casos, como son promovidas por éstas para instrumentalizar las cuentas públicas a favor de los grupos afines a su partido.

Desafortunadamente, la democracia no ha sido la forma de gobierno más común en la mayoría de los países y, sin duda, la mansedumbre social se origina como un comportamiento ciudadano heredado de los regímenes autoritarios, cuando se han padecido durante generaciones, precediendo a la instauración de la democracia.

Quizás, por ello, muchos votantes no están todavía acostumbrados a actuar como ciudadanos libres frente a las autoridades, agrupándose en organizaciones independientes de los poderes públicos. Por supuesto, la movilización debe quedar siempre sujeta a Derecho y, sin excepciones, debe actuar sin coacción ni violencia en contra de los derechos de los demás ciudadanos.

En España, los tentáculos del dinero público alcanzan hasta el último rincón de la sociedad civil, engrasando las finanzas de múltiples organizaciones que abarcan desde los sindicatos de “trabajadores” hasta la “patronal de empresarios” con más de 440 millones de euros anuales en subvenciones y hasta 500 millones de euros en cursos de formación. Las ayudas públicas también sufragan los gastos de variopintas fundaciones y alimentan lobbies organizados en extravagantes asociaciones. Adicionalmente, las administraciones públicas controlan las voces discrepantes en aquellos colegios, institutos y universidades que financian y, premian los apoyos explícitos en áreas culturales como el cine, el teatro o incluso los medios de comunicación. Ni siquiera se libran de quedar “untadas” por los subsidios las instituciones que supuestamente deberían liderar el librepensamiento como Ateneos o Reales Academias y, también muchos “think tanks” instrumentalizados a favor de determinados partidos.

Por supuesto, no deseo abrumarles ni deprimirles, pero sí pretendo destacar como la irresponsabilidad y las renuncias morales de la clase política han degenerado las instituciones y han silenciado la sociedad civil en España. Su nivel de corrupción ha rebasado límites que incapacitan a muchos de los dirigentes para afrontar con garantías la necesaria reforma del régimen.

Existe un último eslabón que mantiene viva la esperanza de recuperar una democracia que desarrolle un orden extenso, complejo y abierto de convivencia en España, y está en manos de los ciudadanos que deben despertar del letargo mediático y colaborar activamente con las pocas organizaciones civiles independientes, pacíficas y honradas que denuncian las deficiencias institucionales.

(Instituto Juan de Mariana, 18/03/2010)

http://www.juandemariana.org/comentario/4483/sociedad/civil/estabulada/