Ayer pasé un día convulso dándole vueltas a una frase que los medios repiten machaconamente: el peso (o el perfil) político del nuevo ministro de Sanidad, Alfonso Alonso. La verdad es que no entiendo muy bien porque un ministro tiene peso político y otros no. Supongo que los que carecen de peso político son técnicos con el caché muy elevado, altos funcionarios que gestionan. El nuevo ministro se ha encargado de asegurar que tiene una agenda social que va a llevar al Gobierno.

Es llamativo que  Rajoy escoja a un «político» progre para Sanidad y Asuntos Sociales después de echar a un «político» que quería reformar la Ley Aído argumentando unas ciertas convicciones pro vida.

En todo caso, es evidente que la hora de las quejas y del rasgamiento de vestiduras y de criticar a los políticos ha pasado. Si un resultado positivo (tiene otros) está teniendo el efecto Podemos es recordar que, en democracia, la política es cosa de todos y debemos participar con denuncias y quejas pero también con propuestas. Y no basta con hacerlas. Hay que formularlas correctamente, de manera inteligible y realista y llevarlas a los programas electorales y a las actuaciones de gobierno. Naturalmente, acompañadas de pedagogía social para obtener respaldo ciudadano.

Esa es la política: generación de ideas, participación, propuestas, campañas, planes, objetivos y resultados. Y no solo aplicables a las convocatorias electorales y a la batalla de los partidos. Política para la construcción del bien común, para ejercer la libertad y los derechos fundamentales. Para resolver los problemas reales y transformar la sociedad. Que nadie se quede fuera de esta apasionante aventura.

Teresa García-Noblejas